El importante empate que alcanzó Universitario en Asunción del Paraguay obligará al equipo del Libertad a no regalar el partido ante el Lanús argentino por la quinta fecha del grupo 4 de la Copa Libertadores 2010. A diferencia de la Copa 2009, en la que Libertad vendió el partido de la última fecha al Santos Laguna mejicano, cayendo de local por 0-2 y contribuyendo a la eliminación crema, en esta copa del 2010 eso no será posible, pues si el Lanús ganara en Asunción complicaría directamente al Libertad en su clasificación a la siguiente fase. Eso, además, favorece a Universitario, que jugará de local ante el Blooming boliviano, partido que por lo ofrecido hasta ahora en la Copa, será de mero trámite. Ahora bien, mañana Lanús juega en casa ante el Blooming, por lo que es razonable suponer que sume 6 unidades y se ponga a tiro tanto de la U como del Libertad paraguayo, ambos con 8 puntos.
Si en la quinta fecha Libertad ganara su partido ante el Lanús, haría 11, lo mismo que Universitario si vence al Blooming, y automáticamente, ambos equipo pasarían a octavos de final, sin importar los resultados de la última fecha de la fase de grupos. Si la lógica sigue haciendo méritos en este grupo de la Copa Libertadores, clasificarán los dos punteros del grupo. Solo un desempeño extraordinario de Lanús podría complicar tanto a la U como al Libertad, sea en la sexta fecha o en la quinta, respectivamente, o en ambas.
Si Lanús consigue mañana un triunfo ante el Blooming y además una victoria ante el Libertad paraguayo, sumaría 9 puntos y dependería de una victoria en la última fecha de local ante Universitario, algo que no deja de ser posible. Aunque es más difícil, creo yo, que consiga el triunfo de visita ante el Libertad que el triunfo de local ante Universitario. Sin embargo, para que sean Libertad y Lanús los clasificados, Libertad tendría que perder el siguiente partido y ganar el último, mientras que Lanús tendría que ganar los tres partidos que le restan en la fase de grupos. (contando el de mañana).
Ahora bien, para que sean Lanús y la U quienes clasifiquen, en la quinta fecha tendrían que ganar el Lanús en Asunción y la U en Lima ante el Blooming, mientras que en la sexta fecha tendría que no ganar el Libertad.
En suma, en esta oportunidad, el Libertad paraguayo no podrá vender el partido que le resta de local, sino que tendrá que pelearlo. Y eso conviene al buen fútbol, y por qué no, también a Universitario.
La presidenta de la República Argentina, la Sra. Cristina Fernández de Kirchner, visitó el Perú luego de más de 15 años de enfriamiento diplomático entrambos países. Enfriamiento que, vale la pena decirlo, fue producido por la TRAICIÓN del gobierno argentino, que entre 1994 y 1995, y presidido en ese entonces por Carlos Saúl Menem, vendió armas a Ecuador en pleno conflicto bélico con el Perú, y siendo Argentina, nada menos que miembro de los países garantes firmantes del Tratado de Paz de Río de Janeiro. Una traición en todo el sentido de la palabra si además cabe decir que el Perú se mostró solícito en la asistencia militar en el conflicto bélico más importante de la historia reciente argentina: La guerra de las Malvinas, en la que el gobierno peruano prestó aviones de combate, municiones, y cientos de ciudadanos peruanos que formaron colas voluntariamente en la embajada argentina para ayudar a sus compañeros sudamericanos, mientras que otro país, equivocado de continente ayudaba más bien a Inglaterra.
Si bien es cierto que Cristina Fernández de Kirchner, en representación del gobierno argentino, vino a desagraviar al Perú en una visita oficial de dos días que incluyó compromisos de apoyo en la reconstrucción de la ciudad de Pisco, lugar del desembarco de José de San Martín, entre otros; lo hizo abiertamente en una cruzada que busca adherentes a su postura frente a Las Malvinas. Cabría decirle con todo respeto a la señora presidenta y a los hermanos argentinos que el Perú apoyó en esa guerra solo por el hecho de ser ambos países hermanos sudamericanos, y que a pesar de la traición del corruptísimo Menem, ahora igualmente se apoyará, porque el Perú es un país por sobre todo LEAL, y AMIGO.
Sin embargo, la sra. Cristina Fernández de Kirchner se olvidó de algo fundamental, que a la vez era muy simple: se olvidó de pedir disculpas al estado peruano, como tal, y al pueblo peruano en general. Este tipo de cosas hay que decirlas cuando deben ser dichas, para que después no surjan especulaciones de que uno viene por amor al chicharrón y no al chancho (no me refiero al presidente Alan García, por si acaso). Y seguramente el presidente peruano, acostumbrado a traicionar a sus más leales compañeros (p.e. Jorge del Castillo, Mercedes Cabanillas y más recientemente Aurelio Pastor, entre otros), no vio conveniente hacerle recordar a la señora Kirchner las necesarias disculpas del caso, sino que la llenó de honores.
Es obvio que la presidenta de Argentina, en esta oportunidad pecó de argentina, o perdón, de orgullosa. Esperemos que nunca nos arrepintamos de haberle dado los honores máximos del estado peruano, como sucedió con el miserable Menem, quien debería devolver dicho galardón.
He tenido la gran oportunidad de haber viajado a Cuba y visitado La Habana y Varadero en condición de turista. He tratado, pues, de consignar la realidad que vi, preguntando todo lo que veía a la propia gente local, y ahora, de regreso y al cabo de una semana, estas son mis impresiones. Adelanto y advierto que esta publicación tratará de ser lo más objetiva posible.
Una previa sobre La Habana.
Como podrán ver en los vídeos que muestro a continuación, la ciudad de La Habana se caracteriza por su tranquilidad expresada en el orden ciudadano, su limpieza y la total ausencia de carteles publicitarios (lo que da una sensación de paz, muy agradable, por cierto), aunque se reemplazan por mensajes político-ideológicos en favor de la Revolución y el régimen castrista e incluso el chavista. La cara del Che Guevara aparece más seguido que las banderas de la Cuba Revolucionaria, y podría atreverme a decir que es un símbolo de identidad y patriotismo, a pesar de ser un extranjero. Esta suerte de culto al rostro del Che Guevara recuerda un poco el culto a la imagen del mundo capitalista. Sobre temas económicos hablaremos más adelante, detenidamente.
También es preciso señalar que la ciudad de La Habana cuenta con una infraestructura de apreciable calidad, carreteras en buen estado, sistema de transporte ordenado, parque automotor controlado (existen carros bastante antiguos, pero sorprendentemente bien cuidados). La mayoría de maquinarias observadas son de origen ruso y/o chino, y a pesar de ser muchas muy antiguas, se conservan en perfecto estado. Por ejemplo, se dice que cerca del 70% de los automóviles -y sus respectivos repuestos- en La Habana son de la firma LADA -de origen ruso-.
Las casas y algunos vehículos -los de placa amarilla- son las únicas propiedades privadas en todo el país. La mayoría de ellas han sido construidas con apreciable calidad; sin embargo, por las razones que especificaremos más adelante, lucen vetustas, sucias y despintadas -probablemente producto de la corrosión de la salinidad del aire marino-.
La ciudad de La Habana cuenta con un aeropuerto, el José Martí, que no se caracteriza especialmente por su modernidad. Me recuerda al aeropuerto de Lima de hace 10 o 15 años. La seguridad es encomiable, y en particular en materia sanitaria es apreciable, pues cada visitante declara su estado de salud, el cual es verificado por un perito. Todos los visitantes son registrados a su entrada y salida del país, y por motivos del bloqueo económico, las visas no se adhieren a los pasaportes, sino que son entregadas por el consulado cubano y retenidas a la salida del caribeño país.
La impresionante Plaza de la Revolución es de una extensión magnífica, que alberga en sus confines importantes edificios como el Ministerio del Interior y de Defensa, la Biblioteca de la ciudad, el Teatro de la Habana y el centro de gobierno. Se sitúa en un extremo de la ciudad, no muy lejos del aeropuerto, más sí del centro histórico, conocido como La Habana Vieja. No se observa mayor presencia policial, mas al caminar por las calles de la ciudad uno no pierde la sensación de seguridad. Hay muchos museos, algunas iglesias, puestos de venta de libros y otras pertenencias pequeñas por parte de los residentes en puntos específicos, y muchísimas bandas de música caribeña.
La gente es muy alegre, cálida, respetuosa y educada. Sin embargo, sus semblantes denotan las dificultades de la vida bajo el régimen socialista. La gran mayoría de personas son muy delgadas, tienen una vestimenta vieja y muchos de ellos, sin importar su oficio, piden a los turistas regalos o apoyo, aún incluso los propios trabajadores del aeropuerto.
Política y libertades.
En Cuba existe un solo partido político admisible, el mismo que es el que gobierna. La única aspiración política posible del cubano es la representación de delegados para las asambleas municipales de gobiernos locales, las cuales tienen cierta independencia en términos formales. Así mismo, existe una junta de representantes del partido que, en Asambleas Generales a nivel nacional, se encargan de exponer una serie de temas y sugerencias para que el poder ejecutivo presidido por Fidel Castro las escuche y apruebe o desapruebe según convenga el octagenario comandante en jefe.
No está de más decir que los ministros de estado son elegidos a dedo por el Presidente de Gobierno y Comandante en Jefe de la Revolución, y de que no existe congreso alguno.
Economía y salud.
En Cuba existen dos tipos de moneda diferentes, para uso de turistas y residentes, respectivamente. Se trata del peso cubano (usado por los residentes cubanos), y el peso convertible (moneda usada por los turistas). La valuación de la moneda es como sigue: los pesos convertibles sirven para cambiar las monedas extranjeras, y el estado cubano establece el valor del peso convertible en un 20% superior al dólar, es decir, si uno cuenta con dólares, al cambiar 100 dólares, recibirá 80 pesos convertibles. Ahora bien, considerando que cada peso convertible equivale a 25 pesos cubanos, eso no sería ningún problema si el costo de vida estuviera en función del peso cubano, sin embargo todo se maneja en función del peso convertible, es decir, a pesar de que un cubano promedio gana su sueldo en pesos cubanos, sus gastos son en pesos convertibles. Si un cubano percibe como sueldo 550 pesos cubanos (que es más o menos el sueldo mínimo), está recibiendo en realidad 550/25= 22 pesos convertibles, lo que en dólares sería igual a 22x1.2= 26.4 dólares. Y considerando que la canasta básica mensual se distribuye en función a las bocas que hay alimentar en cada casa, y que generalmente alcanza para solo los primeros 15 días del mes, un cubano promedio tiene que dedicarse a dos o tres trabajos paralelos para poder comer, vestirse, asearse, medicarse, etc. todos los días del mes, de lo contrario, simplemente o raciona menos, o ayuna.
Aquí lo positivo es que, si bien uno no garantiza el alimento para todos los días del mes, todos los ciudadanos cubanos -los no disidentes, obviamente-, garantizan iguales condiciones y beneficios, y reciben sus canastas de igual forma. De esta manera, también, el estado puede monitorear la salud preventiva en función a la correcta alimentación. Esto, acompañado de un sistema de salud integral en todas las áreas de la medicina, y de una especializacion vasta y reconocida internacionalmente, además de los más bajos índices de mortandad infantil de América Latina, sitúan a Cuba como un país saludable.
Otro punto positivo es que existe una homologación de Rey a Paje, es decir, que la diferencia de sueldos es mínima, y quienes encabezan la lista remunerativa, los médicos, ganan unos cuantos dólares más que el sueldo mínimo. Claro, esto es positivo entre comillas, pues los doctores y altos grados profesionales no se deben sentir muy satisfechos con el dinero percibido.
Por otro lado, todos los sueldos son pagados por el régimen cubano, incluso el sueldo de los trabajadores de las empresas internacionales existentes en el país, en su mayoría, empresas hoteleras.
Lo negativo es superlativo: Un sueldo de 22 dólares, que es el sueldo mínimo, para un nivel de gasto diario muy alto supone unas condiciones de vida muy difíciles. Es prácticamente imposible ahorrar dinero, puesto que lo poco que se puede obtener se gasta en reponer la exigua canasta que da el gobierno para los 15 primeros días del mes. Esta situación no alcanza, pues, para comprar televisores, electrodomésticos, ni mucho menos propiedades o automóviles, o viajes al extranjero, todos además muy supervaluados. La única manera de darse el gusto de poder comer todos los días del mes, comprarse ropa o utensilios de aseo para poder bañarse todo el mes, etc. es recurrir a la familia que vive en el extranjero. Sin embargo, las condiciones de los familiares de disidentes en Cuba son más apremiantes, pues el estado les resta derechos.
Otro tema son las altísimas restricciones en cuanto a la inversión extranjera. Es falso decir que no existe inversión extranjera en Cuba, lo que ocurre es que las tasas y las condiciones que establece el régimen castrista son muy duras y ahuyentan a la mayoría de inversionistas. Toda empresa en Cuba pertenece directamente al gobierno cubano, en calidad de socio mayoritario. El gobierno percibe el 51% de los ingresos de todas las empresas, y establece los contratos a 10 años renovables bajo las mismas condiciones desde los años de la Revolución. En caso de no celebrarse la renovación de los contratos al cabo de los mencionados 10 años, todos los bienes pasan al gobierno.
Los hoteles son los negocios extranjeros más comunes. Ya hablaremos de ellos al final.
Educación y comunicaciones.
La educación cubana es totalmente gratuita y alcanza a todos los cubanos sin excepción. Fidel Castro anunció en 1963 que había erradicado ya el analfabetismo. La educación cubana es considerada de muy buena calidad en el mundo, y se acompaña de excelentes programas culturales televisivos, radiales y escritos que plantean ejercicios de resolución prácticos en temas de razonamiento lógico-matemático, verbal, literatura, historia y cultura general. Es preciso señalar que los autores, pensadores y tendencias culturales y políticas que son promovidas por el estado son solo las que suportan las ideas del régimen socialista. El sistema educativo establece que todos los alumnos atraviesan una prueba de conocimientos sobre el socialismo, indispensable para acceder al 4to año de educación secundaria, y que consta básicamente en el aprendizaje de la Declaración de la Habana y de la Constitución Socialista, es decir, los documentos básicos de la ideología castrista. Esto es, prácticamente todos los alumnos son instruidos en el comunismo y se les ofrecen derechos, premios y ventajas a medida que vayan adentrándose en las instancias juveniles del partido. Las profesiones y los oficios son determinados por el rendimiento escolar promedio de la secundaria, de tal manera que el estado establece la cantidad de médicos, juristas que necesita para cada región.
El abordaje de autores, personajes y tendencias ajenas o diferentes al régimen no puede ser hecho de primera mano, sino a través de fuentes secundarias. Es decir, los libros en las bibliotecas, los cursos en el colegio o los programas en la televisión solo manifestarán la visión y la comprensión del mundo desde la perspectiva socialista y no otra.
El único diario es el Granma, nombre sugerentemente socialista y camarada, pues ese es el nombre del yate en el que llegaron Camilo Cienfuegos, el Ché Guevara, Raúl y Fidel Castro y el grupo de 20 guerrilleros que finalmente sacaron del poder a Batista. Se trata de un periódico muy austero, de apenas 8 páginas, que frecuentemente cita comunicados abiertos y artículos de Fidel Castro.
El internet es muy restringido y solo alcanzable para personas con muchos ingresos (7 pesos convertibles la hora, imagínense una cabina que cobre 20 soles la hora). El estado, a través del ministerio de comunicaciones, lidera noticieros parcializados donde todas las informaciones nacionales e internacionales son "positivas" o favorecen al régimen. Hay que considerar que hay cosas buenas también, puesto que en Cuba no encontrarán diarios o programas basura cuyo único objetivo es idiotizar, animalizar e imbecilizar a la gente (como por ejemplo los diarios Extra, El men o El chino, o cómicos ambulantes, travestis y vedettes en la televisión). Todas las comunicaciones están regidas por el ministerio de comunicaciones, y no aparecen noticias sensacionalistas cuyo único objetivo es vender y el ráting, por lo que no aparecen comerciales, traseros enormes, curvas impresionantes, charcos de sangre, vírgenes que lloran, etc.
Este punto es ambivalente, porque el hecho de no estar expuesto a informaciones perturbadoras, de baja calidad racional, es gozar de mayor calidad de medios, sin embargo, al ser informaciones controladas por el régimen, la libertad de expresión es muy limitada, y el acceso a fuentes de información confiable muy escaso. Lamentablemente somos animales de costumbres, y el cubano se va acostumbrando desde pequeño a este sistema.
Turismo y música.
Los oficios relacionados al turismo y la música son la salvación para los cubanos. Las propinas que reciben los trabajadores de hotel o los músicos son los mejores espaldarazos que pueden recibir los cubanos, porque en una noche de buenas propinas en pesos convertibles, un músico puede ganar varias veces el sueldo de un trabajador común y corriente del estado cubano; y un trabajador de hotel, también. Por eso, los puestos de trabajo relacionados al turismo y la hotelería son reservados únicamente para los familiares de los miembros del partido de gobierno.
Por eso también muchos cubanos se dedican a la música, y muchos de ellos son especialmente talentosos y buenos en diferentes isntrumentos musicales.
Algunos cubanos menos alegres, dispuestos, acomodados o resignados se dedican a pedir limosna en las calles a los turistas: lo más triste es que no son pordioseros los que piden las limosnas, no se trata de seres menesterosos, sino personas comunes y corrientes, a los que no les alcanza las condiciones como son para vivir.
Otros cubanos se dedican a estafar a los turistas, intercambiando monedas o billetes de pesos convertibles por pesos cubanos (sabemos que los pesos cubanos son 25 veces menos valuados que los pesos convertibles), o dando vueltos en pesos cubanos, o simplemente vendiendo habanos, rones o diferentes bienes falsificados.
Con todo esto, espero que haya clarificado más sus conceptos sobre el régimen castrista y el socialismo cubano. Si esta información no les es suficiente, consulten con cualquier cubano si es que lo dicho aquí es mentira, o vayan y visítenla ustedes mismos. Yo publicaré sus comentarios -siempre y cuando sean respetuosos y no ofendan a mi persona o a terceros-. Con este escrito cumplo el segundo motivo de mi viaje a Cuba, que era informarme más acerca de la realidad cubana, más allá del primero que era conocerla y hacer turismo. También fui a Varadero, pero eso es otra historia.
Por la mañana, el presidente peruano Alan García viajó al vecino país de Chile a brindar apoyo humano, económico y social, llevando consigo víveres, profesionales médicos, tiendas y hospitales de campaña para los damnificados del vecino país del sur, principalmente de las regiones del extremo sur (desde Aisén del General Carlos Ibáñez del Campo hasta la antártica chilena).
Es resaltante que en tiempos de dificultades y desentendidos limítrofes, con casos de espionaje de por medio, sea el Perú quien, olvidando los agravios causados, envíe la ayuda tan necesaria luego de la catástrofe sufrida por los hermanos del sur, quienes, finalmente, no tienen nada que ver de manera directa con las políticas internacionales que han llevado a Chile, a lo largo de su historia, a ser un país polémico en sus relaciones internacionales.
A pesar de los agravios causados hace más de 100 años en la Guerra del Pacífico, en la que Chile cometió una serie de excesos que incluyeron saqueos, violaciones de derechos humanos, incendios de bibliotecas y edificios del estado, restricciones de libertad de reunión y toda serie de agravios y vejaciones personales, es el Perú quien brinda a su siempre hermano país de Chile su apoyo en esta grave circunstancia.
Ya no es tiempo de más rencores, es tiempo de darse la mano, y de demostrar grandeza. Así como cuando Nelson Mandela decidió darle a la minoría blanca del Apartheid todos los derechos que a él y a su gente le fueron negados, porque para el genial estadista ellos tenían que actuar con el ejemplo; así mismo, en esta oportunidad, es el Perú el país solidario y hermano que brinda el apoyo necesario a su hermano país del sur, muy a pesar y habiendo olvidado los agravios causados, los pasados y los actuales.
Me pregunto cuál es el afán de ciertas personas de sentirse o creerse superiores a los demás, sentimiento, sensación o diz que condición que a su vez a ellas les hace prejuzgar y sentirse capaces de aconsejar y hasta atreverse a decir que son los demás los que están equivocados. A mí me parece que en realidad esconden un profundo desconocimiento, una duda terrible que les oprime el alma y el corazón, duda que les hace tragarse fácil sus creencias o dogmas, y rechazar de plano las del resto. Ese comportamiento es uno de los que más detesto de los católicos, y de todos en general que se autodefinen como seguidores de un credo, facción o incluso partido político, cuya convicción radica en la desautorización del otro, de los pareceres, creencias y pensamientos de la otredad.
Hoy asistí a una charla de don Guillermo Dañino, doctor en Humanidades por mi universidad, que ha vivido y viajado a China por casi treinta años, y que conoce al dedillo a su gente, tanto espiritual como cálida y socialmente. Don Guillermo nos dice que uno puede conocer el alma de un pueblo a través de 3 formas principales: (1) por el estudio de sus filósofos y pensadores, así como de las corrientes de pensamiento que son irradiadas en la gente y en su devenir; (2) por sus formas literarias y poéticas, y por sus literatos y poetas, y obviamente las obras, las temáticas principales, etc.; (3), y naturalmente por la experiencia en el contacto y el trato con la gente. Así nos dijo, y nos dio una charla magnífica sobre el confucianismo, el budismo y el taoísmo, sobre los tres poetas mayores de la cultura china: Tu Fu (confuciano), Wang Wei (budista) y Li Tai Po (taoísta), sobre el característico sentimentalismo y la profunda cultivación de la amistad en los chinos, la inspiración a través de la naturaleza, tantos otros temas, en fin.
Al final, salí muy contento del IRA y tomé un taxi para regresarme. El taxista me interrogó sobre el lugar, su mirada era escritunada, como si me estuviera evaluando. Le comenté que se trataba del Instituto Riva Agüero, instituto cultural de la Universidad Católica, y que salía de una charla sobre la cultura china, a cargo de un maestro, doctor en lingüística y literatura, que tenía como 30 años viviendo en China y tenía cientos de anécdotas deliciosas sobre la vida, la cultura y la amistad por esos lares. El taxista redujo todo lo dicho a que yo me había ido a la charla, y que Dañino había pasado sus treinta años en China, y el gobierno chino se había abierto al mundo, todo porque todos, yo, Dañino y el gobierno chino, todos, buscan la perfección. Lo atajé de inmediato diciéndole que eso era falso, nadie mencionó la búsqueda de la perfección, sin embargo él dijo que sí. Dijo además, que la única perfección posible era Jesucristo. Entonces le expliqué que justamente Jesucristo profesaba la unión, el respeto por el otro, y el amor a los demás, y por amor a los demás debemos entender respetar a los demás, y por tanto a los diferentes. Le expliqué que el confucianismo, el taoísmo y el budismo en China no son absorbidos por grupúsculos de personas que se sacan los ojos los unos a los otros, sino que un mismo chino puede tomar libremente preceptos de estos tres sistemas de pensamiento y ser feliz. Y también le dije que el cristianismo se basa en el amor a los demás, y que sin embargo el catolicismo a lo largo de la historia guerreó y separó a las culturas diferentes.
No sé por qué existe tanta gente que se espanta porque uno tenga a bien culturizarse como quiera. No sé por qué te salen con la cháchara bíblica como si fueran doctores honoris causa, y saltan a desautorizar sin conocer a los demás, sin conocer absolutamente nada. A mí me daría vergüenza intentar siquiera jugar a esa posición tan dogmática y absurda, tan cercenadora de la libertad, tan cerrada y tan estúpida. Me revienta esa actitud pedante. Por eso cada vez más me gusta el holismo oriental, la paradoja creadora y la cultura china.
Para una versión más ilustrativa de esta suerte de crítica, buscar en Youtube: Minos el Juez - Juicio a los fanáticos religiosos. En todos los casos, estoy totalmente de acuerdo con lo que dice Minos.
Hoy tuve ganas de volver a escribir. Hoy estuve de paso por un centro comercial, absorto, cabizbajo, meditabundo como siempre, sin prestar atención al panorama, hasta que la vi. La observé, seducido por su belleza, por su blancura, por su acabado. Una camiseta de la U, mi equipo favorito. Recuerdo que el año que pasó -año en el que por cierto, y lo recuerdo sobre todo para mis amigos cagoncitos, la U salió campeón de la manera más justa y estadísticamente significativa en mucho tiempo, ganándolo todo en números y para variar en clásicos-, fui tres veces al estadio, a tres clásicos, además. El primero fue en el campeonato apertura, un clásico que comenzó intermitente, como tímido, como que los rivales se estudiaban mutuamente, hasta que Alianza comenzó ganando, para finalmente la U voltear con dos jugadas aéreas casi seguidas. Lindo partido, linda volteada, lindo escenario. Ese día de la pura emotividad recuerdo que regalé una camiseta nuevecita que mi padre me había comprado a una voluntaria gringa que ya estaba por regresarse a su país luego de dos meses de estar, en sus vacaciones, en el proyecto donde trabajo. Así que decidí, luego del concierto de papelitos al inicio del partido y con cada gol de la U, regalarle mi camiseta, porque era la ocasión precisa, magnífica, consecuente, irrepetible. Y así lo hice. Es por eso que cuando fui a los otros clásicos, justamente los de la definición del campeonato, y fui a los dos, no llevé camiseta actual alguna. Sin embargo, en el primero escondí un gorrito de la U en mi bolsillo porque el local era Alianza en su waterstadium, y fue una odisea salir y hacerme el cagoncito triste y lloroso por el supuesto mal resultado para que no me lincharan saliendo de Renovación; mientras que en el segundo pude llevar una camiseta antigua, de colección, del año siguiente de la muerte de Lolo Fernández, del 98', que quién sabe por qué todavía me queda, y que tiene un gran significado para mí, pero que ya no está para estarla llevando a gritar y sudar un partido, sino que más bien merecer reposar colgada en la pared.
Es por eso que ahora, soberbia, esta hermosa camiseta de la U me sacó de mi característica condición de ido. Y la compré, naturalmente, porque no he tenido en qué gastar mi grati, y sobre todo me gustó más que era la última que quedaba, de modo que justamente me llevé esa camiseta, la que quedaba en el mostrador que vi en la vitrina. Gustosamente me la llevé. Ahora me acompañará cada partido. Feliz año para todos.
Hoy me pasó algo digno de ser contado, una nimiedad. Salía a una reunión, pero estaba ocupado llamando a una lista de chicos para una actividad que va a ser este jueves, y como mis interlocutores me esperaban abajo, bajé con la lista de chicos que estaba confirmando. Esta bendita lista se me cayó en el piso mientras buscaba un lugar apropiado donde conversar con aquestos interlocutores. Y una vez conversado lo que tenía que conversar, empecé a buscar la condenada lista entre mis cosas, y no la encontraba. Contrariado, pedí la cuenta, mientras seguía buscando mis cosas rápidamente. Fue bien gracioso. Me despedí escuetamente de mis interlocutores, caminé buscando el papelito, y al final lo encontré tirado en el piso una cuadra antes de voltear a mi casa. Tanta fue mi alegría que lo abracé a mí y le di un beso. Qué habrán dicho de mí la pareja que iba caminando antes que yo y que sorteé para llegar primero a mi papelito. Qué me importa, ya lo recuperé. :D
Ayer se cumplieron cuatro años desde que comencé Crepúsculos y Cuadernos. Trato de imaginarme sentado a la máquina en aquel ya lejano 2005, el departamento anterior, las paredes azules, el cabello corto recién rapado. En esa época todavía mi estómago no me advertía que nunca toleraría el alcohol, así que solía salir más, aunque no mucho más, porque nunca me gustó tanto. En esa época la única preocupación que tenía era la de asistir a mis clases de la universidad, y debo reconocer que muchas veces ni siquiera eso me lo tomaba en serio, hasta que conocí a una persona que me hizo ver la vida diferente. En esa época también andaba mal de amores, qué curioso, hace tanto tiempo. Y aunque las desventuras de esa época han sido muy diferentes a las de ahora, en cierto modo también son iguales, partes de la misma historia, sobre todo por esa sensación en la piel, de curtirse, de añejarse. No estoy seguro si he aprendido mucho desde entonces, parece que no tanto. Parece que no tanto.
Ayer se cumplieron cuatro años desde que comencé Crepúsculos y Cuadernos. 260 entradas. 80 mil visitas. 4 años. 4 años. 4 años. Y no sé por qué me parece demasiado tiempo, para apercibirme tan igual. Y no sé por qué me parece tan poco tiempo, en realidad. La cifra me parece engañosa. No estoy seguro si he aprendido mucho desde entonces. Parece que no tanto.
El bólido no era un Lan Rover, tampoco el auto fantástico. Más bien era una buena mierda, un Tico amarillo alquilado para la ocasión. La pista, una playa de estacionamiento en la costa verde, de pura tierra, piedras y huecos que pueden hacerte remover las ideas, al costado de un Rústica y unas canchitas de fútbol donde a cada rato salen volando pelotas desviadas que nos hacen pensar en que estamos en el último lugar de sudamérica en ese primitivo deporte. El profesor, el ex chófer de mi papá, amigo de la familia. El tipo es todo un caso y merece más de un post singular, es una persona muy agradable, confiable, de gran sentido del humor y buena chispa.
No era yo el único aprendiz; a lo lejos, aunque con un carro más parado y automático, un joven andaba muy meticulosa y cautamente con su padre en otro auto. "Bah, el automático es papayita; no hay mérito con eso", me animó mi conocido instructor. Y así, con algo de Radio Filarmonía, para mi tranquilidad, intenté arrancar en ese carro tan pequeñito. La palanca de cambios puesta en primera no me daba casi espacio para mi gran humanidad. Mi pobre pierna derecha tenía que encorvarse mucho y chocaba con la palanca, mientras que mi pierna y brazo izquierdos se acomodaban aplastándose a la puerta. Fallé un par de veces en el arranque, luego pude avanzar normal en primera, el tema de las vueltas es mi fuerte, de chico hice mucho chachicar, y mis maniobras asustaron en primer término a mi instructor, pero luego lo hicieron reír mucho.
Al cabo de una hora y media, aprendí a hacer el cambio a segunda y el retroceso. Y creo que en un par de domingos más ya voy a estar listo. Estoy aprendiendo rápido, y eso me hace tener más confianza en mí mismo, aunque también me hace tener ganas de ir a por más. Pero bueno, paciencia.
El pelotas es un ser muy simple y puede describirse muy fácilmente. Solo es preciso que vean la película The ugly truth. Todos somos unos pelotas. Pensamos con las pelotas el 95% del tiempo. Ergo todos somos pelotas. El pelotas suele darse cuenta muy tarde de la situación. El pelotas suele ser distraído, estúpido, quizás noble por momentos, muy sincero por otros, totalmente falso cuando menos se lo propone, o cuando más lo quiere, o todo a la vez. Otras veces simplemente es un pelotas. Pero siempre se equivoca. Por eso es un pelotas, que eso quede claro.
El pelotas suele ser tan pelotas que puede no advertir que se ha enamorado y prefiere por desconfianza de sí mismo, por pura inmadurez o por descarada cobardía, abandonar barcos ominosamente seguros a paradisíacos destinos desconocidos, nuevos, enigmáticos, que nunca más se darán y que terminará anhelando pelotudamente.
El pelotas suele aceptar relaciones en las que no está seguro de querer a la persona porque una pelotuda y finalmente pasajera corazonada se lo dice. No se da cuenta que las pelotas le mandan otras cosas, no se da cuenta de las incompatibilidades, no se da cuenta de los contras. No se da cuenta de la camotudez pelotuda en la que queda como un perfecto pelotas. Y pueden pasar miles de años y el pelotas no se dará cuenta de lo que realmente sucede, por más de que todo el mundo se lo diga. Solo se dará cuenta cuando se dé cuenta, en flechazo de incomodísima sensatez, instante eterno de conciencia, como mirándose al espejo, de que es un pelotas. De ahí, como si el tiempo no pasara, se olvidará de sus errores y de que es un pelotas, hasta que nuevamente lo recuerde identificándose como pelotas.
Cuando el pelotas suele enamorarse, lo hará siempre de la persona incorrecta. Sea porque esta otra no está segura, porque no quiere nada serio, porque piensa en otra persona, o porque quiere sacarse el clavo con el idiota compañero de trabajo que la despreció. Sí pues, ellas suelen ser también muy pelotas, aunque no tengan pelotas.
Nuestra generación no es más la generación de los poemas homéricos, es más, probablemente muy pocos de los jóvenes del mundo occidental hayan leído a consciencia los himnos homéricos, además de las obras fundamentales La Ilíada y La Odisea. Recuerdo que más de una vez la gente no me creyó cuando comenté que leía La Ilíada por puro gusto y ganas de hacerlo. Y es que es así, nuestra sociedad, progresivamente, se hace cada vez menos lectora, al menos en esta parte del mundo. Cuando uno cruza el charco, en verdad nota una diferencia abismal en lo que respecta a ver a la gente de a pie, gente común y cualquiera todos yendo y viniendo en los metros con libros entre sus manos, taxistas con tres o cuatro libros de cabecera, caminantes con libros cargados, etc., pero hay que decir también que son en su mayoría personas adultas, no tanto jóvenes. Ya es por lo menos infrecuente, incluso en esos lugares tan privilegiados, ver a jóvenes con estas sanas tendencias. Así pues, y peor aún, hablar de Homero como el referente de una sociedad culta, leída, ducha, ya no es de nuestros tiempos.
Nuestros tiempos, tienen, curiosamente, a otro Homero, que parece haber reemplazado al invidente genio de la antigua Grecia. Nada menos que Homero J. Simpson. Y decir esto puede sonar escandaloso y lamentable, pero muy cierto. En los últimos 20 años, Homero J. Simpson y la popular serie de televisión ha roto todos los récords inimaginables de rating televisivo, convirtiéndose en la serie más vista de la historia, superando ampliamente a Friends y Seinfeld, por nombrar a algunas de las más representativas. Si bien es cierto que Homero J. Simpson cumple un rol fundamental en el análisis un tanto satírico de nuestra realidad social como lado del mundo occidental, no es tampoco descabellado hablar de que Homero J. Simpson haya reemplazado en importancia al Homero de las epopeyas antiguas. Y esto es muy simple, nuestras generaciones van leyendo cada vez menos, y van viendo televisión cada vez más. No pretendo generar con esto un shock para que todos ustedes vayan a leer compulsivamente -aunque sería formidable-, la idea es simplemente realizar una pequeña reflexión a propósito de la verdadera importancia de Homero -el antiguo- en nuestra sociedad, la sociedad de nuestro tiempo, que ya es regida por nuestra generación. Homero J. Simpson no tiene nada de malo en sí mismo, en tanto sirva como un instrumento de crítica constructiva y divertida, que nos recuerda hasta donde podemos caer en el descuido. Habría que desempolvar un poco al otro Homero, fijarnos más en él, en su importancia y en su ejemplo. Por nosotros mismos.
Leyendo a Hemingway recogí aquella máxima que es tan verdadera, y tan humana a la vez, aquella de que es necesario atravesar una situación complicada, difícil, sentimental y psicológicamente hablando, para poder escribir con naturalidad, con destreza, con prolijidad. Por el contrario, cuando uno se encuentra inmerso en una tranquilidad absoluta, sin preocupaciones, con las cosas resueltas, cuando uno se encuentra "feliz"... pues entonces cae en una irremediable sequía literaria, en un abandono de inspiración que se siente pesado, hasta que de nuevo aparece el sufrimiento, y por consiguiente, el caos, la paradoja creadora, y es ahí, y solo ahí cuando desempolva otra vez la pluma. Es en ese estado de infelicidad completa, caótica, desordenada, desenfrenada, llena de pasión, de hiel, de intranquilidad, de sinsabor, de desesperanza, de temor, es en ese estado de las pelotas en el que la pluma se dispara sola, el cerebro no da tantas vueltas y las palabras se dejan escribir con gran facilidad. Me ha pasado a mí, una persona absolutamente normal y ordinaria, que dejara de escribir casi compulsiva y rutinariamente cuando tuve una pareja estable, a pesar de las continuas peleas y enfrentamientos, que son tema de otro post; y también le ha pasado a Hemingway, un genio. Creo, es más, que les pasa a todos.
Recordemos a la Beatriz del Dante. Imagínense que una obra tan impresionante y maravillosa como La Divina Comedia fuera escrita hacia una mujer que despreció al genio de Allighieri, que jamás siquiera le miró, que rechazó siquiera darle una sonrisa. Comentaristas y seguidores del gran genio italiano agradecen el rechazo casi mítico de Beatriz para con Dante, pues seguramente si ella no lo hubiese rechazado, nos hubiéramos quedado todos sin esta magna obra que es uno de los pilares de la esencia artística humana. Yo les aseguro que si Beatriz hubiera aceptado ser cortejada por Dante, éste nunca hubiese podido tener la vena genial para escribir jamás su gran coloso literario. En el rechazo más primario y absoluto, nuestro Dante sintió el amor más platónico, la más grande añoranza del qué pudo ser, y lo llevó a recrear un mundo sin igual.
Quizás esa hubiera sido la mejor respuesta que hubiera podido jamás darle a mi ex cuando se quejaba de que nunca le escribiera, y con ella a todas las chicas que alguna vez se quejaron de no haber merecido algunas páginas o versos. No se trata de ustedes, se trata del estado cuasi hipnótico, cuasidepresivo, cuasihipoactivo que produce la espera del amor, la ansiedad inquietante del no saber, del no tener nada serio, nada seguro, nada comprado, o de la amargura del desamor, de la pesadumbre de la desolación, la desconfianza, la tristeza escéptica, el rechazo hepático al "Vivieron felices para siempre" tan hollywoodense y falso. Solo así se puede escribir con toda la vena del alma, con toda la sangre del cuerpo, con toda la pasión del corazón.
Nuevamente quise no despertarme tan temprano y quise robarle más sueño a los minutos, para no aturdirme tanto en repensarte. para no agobiarme tanto en representarte, para no cansarme de intentar descansar de ti.
Nuevamente desperté con las dudas en la cabeza. Y quise alejarlas de mi pensamiento, pero cada que pueden regresan más intensas, pero cada que pueden se incrustan más, violentas, pero cada que pueden aturden más el corazón.
Nuevamente respiré el aire entrecortado, agónico. Mientras caminaba por las calles desiertas, ajenas. Y quise reconocerlas contigo de mi lado. Y quise caminarlas contigo de la mano. Y quise respirarlas con tu aliento en derredor.
Nuevamente te soñé despierto entre la gente. Me ausenté del tiempo y del espacio, distante. E imaginé tus cabellos de tórrido azabache. Y soñé con tus ojos contemplándome. Y recordé tus labios besándome.
Y durante el día escuché treinta canciones de la radio asociándolas a ti. Y durante la semana respondí cien veces el teléfono contestándote a ti. Y desde que te conozco, intenté leer mil libros en vano para no pensar en ti. Y nuevamente regresé a mi casa con ausencia de ti. Nuevamente me acosté en mi cama queriéndote aquí.
Por qué no te das cuenta... Que cuando estoy cerca a tu cuerpo el mío se me inquieta. Que mi pecho se estruja, que mi corazón se alegra. Que mis palabras se difuminan y mi voz se mengua.
Por qué no te das cuenta... Que cuando despierto en la mañana te recuerdo toda. Y recuerdo la textura de tus labios y el sabor de tus besos. Y recuerdo también el olor de tu cuerpo y tus cabellos sueltos.
Por qué no te das cuenta... Que tu sonrisa me acelera el alma y me inquieta la mirada. Que tus ojos, cuando me observan, me devoran la piel y los huesos. Que tus labios me transportan al infinito con tus besos.
Por qué no te das cuenta... Que con solo con un gesto, una palabra, me tendrías a tus brazos. Que con tu silencio, ahora, me puede la angustia y el desánimo. Por qué no te das cuenta, maldita sea, que así me obligas a abandonar.
Desde que descubrí que mi celular había venido con un implemento para radio, me puse a escucharlo -créanme que me demoré mil años para advertirlo- y sentó y sienta muy bien Filarmonía, sobre todo para leer libros de regreso a casa tarde de la chamba. Sienta muy bien sobre todo después de un árduo día de trabajo desde temprano, caminando, preguntando, conversando, cabildeando, cuando el cansancio agobia, cuando el aplomo devanea, cuando el sueño te coquetea los párpados. Sienta bien cuando el orgullo de haber hecho correctamente lo debido es la única excusa para no dejarse apresar por el cansancio. Sienta muy bien la buena música después de un exitoso taller de Autoestima a mis niños de la Cooperativa, quienes elaboraron formidables cajitas de la Autoestima, las cuales llevarán consigo y guardarán para cuando titubeen, cuando duden, cuando se sientan mal, para que se acuerden de sí mismos y de su valía, y de sus cosas buenas y las partes de su cuerpo que más les gustan, de sus muchas virtudes. Para que con positiva nostalgia, cuando grandes, recuerden que trabajaron una linda cajita con pensamientos positivos acerca de sí mismos en sus años mozos. Hasta escribir de ello con Filarmonía sienta muy bien.
El concierto del día de ayer fue magnífico. No fue para menos que el cabalístico 09.09.09 nos deparara el gran espectáculo que fue escuchar en vivo a Plácido Domingo. Las dos veces anteriores que vino me lo perdí, era bastante joven y mi madre no me solía llevar a los conciertos, pero ahora fue diferente, ahora la acompañé a mis flamantes 24 años, y con mi hermano menor, también ya bastante crecido.
La última vez que lo pudimos ver fue en la Plaza de la Familia Real, en Madrid, el 2007, cuando a la salida del Teatro Municipal en su celebración por los 10 años de dicho establecimiento, se asomara al balcón y le dedicara al público asistente varios de sus mejores temas, totalmente gratis y con fuegos artificiales y millones de papelitos. Para nosotros aquélla fue una grata sorpresa, puesto que era nuestra última noche en la capital española, y yo particularmente por aquel capricho de mi madre tuve que sacrificar días en Barcelona.
En esa ocasión, empero, no nos homenajeó con las soberbias interpretaciones de La Flor de la Canela y El Cóndor Pasa, porque eso lo tenía reservado para su última visita al Perú, en la que un timidón canciller José García Belaúnde le honrara con El Sol del Perú en el grado de Gran Cruz a mitad de la ceremonia. Luego de su más clásica interpretación, El Granado cerró con tres temas mexicanos, llevándose al bolsillo al público y al corazón al Perú. Antes de despedirse, confesó que le encantaría regresar y cantar al lado de Juan Diego Flórez, nuestra gran figura. Esperemos que regrese pronto, porque es un grande de esos que quedan pocos.
Estaba esperando a alguien a quien en realidad parece que no debo esperar, a la que además me estoy cansando de esperar, y a la que probablemente me cansaré de esperar en algún momento. Me sostenía meditabundo sobre el asfalto de una calleja, concentrado en la radio, hasta que de pronto me dejé llevar por la calle y anclé en una esquina; era una panadería.
Haciendo tiempo, observé los detalles de los postres, y me hizo ojitos un Suspiro a la limeña, con sus ribetes blancos y su pomareado contorno canelita. Le dije a la chica de la caja que quería un Suspiro a la limeña y una chicha para bajarla, por si me empalagaba. Pagué. Acto seguido, fui donde la otra señorita, la que atendía, y le repetí mi pedido. La segunda señorita, muy coqueta ella, suspiró cuando le pedí un Suspiro, a lo que rápidamente, acoté sonriente: "qué suerte,me salió gratis un suspiro". Lo que dije encandiló a la mesera, quien me regaló una sonrisa de aquellas.
Dos minutos después, mientras me ponía cómodo en una de las mesas de la panadería, vino la señorita con mi pedido, y mientras limpiaba la mesa, dejó caer una botella. Se sonrojó; le sonreí, clavados los ojos en ella. Finalmente, y para fastidiarla, hice yo otro suspiro. Me miró sonriente mientras se alejaba. Fue un Suspiro -el dulce- muy agradable, como también fue agradable saber que en esta espera que desespera, no debo esperar tanto, y que hay otras esperas que pueden no esperarse, o que, sin necesariamente esperar, puedo recibir algo, sin tanto suspiro por ella.
Por mucho tiempo había abandonado la música, el tocar la guitarra, el escuchar canciones reteniendo serpenteante y vallejianamente las letras atinadas, el caminar silbando por la calle, ese respirar hondo y crepitante, dificultoso, timorato que nos da cuando nos pasa. Como si fuera un espasmo de asma, como si estuviera en la altura, respiro como si me hubiera desacostumbrado al oxígeno. Por mis venas hace tiempo no fluía tanto sentimiento, como si ahora mi cuerpo palpitara entero, tanto que es un poco difícil contenerlo, guardarlo, aprehenderlo. Tanto que sé que si me observara a través de un espejo me daría cuenta de lo paulocoelhísticamente ridículo que me veo así. Tanto que es difícil y hasta triste callarlo, mantenerlo en el silencio y en la espera.
Pero sí pues, la espera es necesaria, la paciencia, la sapiencia. Pero mientras tanto qué le hago a las ganas locas de besarla, de abrazarla, de tenerla junto a mí. Qué le hago a las ganas de llamarla y preguntarle cómo está. Qué le hago a la angustia de pensar que podría estar yéndose para atrás con la locura de la aventura a intentarlo. Sé lo que tengo que hacer, ser yo mismo y que la cosa fluya tranquila, sin presiones, sin condicionamientos ni condiciones. Sé que debo darle su espacio para que no solo tome la decisión de seguirme, sino que realmente quiera hacerlo. Sé que debo ser paciente, que debo conocerla más y mejor. Sé que debo transmitirle la seguridad que yo ya siento, saberla esperar. Pero, y este es un gran pero, qué hago con todo este sentimiento desbordante que emana de todos mis poros. Cómo lo sublimo.
Está cerca de salir un proyecto en el que trabajaremos en el Penal de Sarita Colonia, y por ello estuvimos teniendo unas capacitaciones en el Gobierno Regional del Callao. Así, luego de las capacitaciones el grupo organizador quedó con el equipo técnico en organizar un paseo-excursión por las zonas más atractivas y turísticas de la región chalaca. Sin embargo, no contamos con un pequeño incidente que precedió la jornada.
Increíblemente, ese día llegué temprano a la cita, pero justo cuando estaba entrando por la puerta de ingreso de la sede del Gobierno Regional, sale por ella un señor invidente que a duras penas podía hacerse paso entre los ingresantes. No lo pensé dos veces, lo tomé del brazo y lo conduje hacia la pista, le pregunté hacia donde iba y lo acompañé hasta el paradero oficial, que no está tan cerca, unos trescientos metros luego de cruzar la Faucett.
Muy grande fue mi indignación cuando nos cerraban las puertas de los buses tanto al señor como a mí. Estuvimos casi 20 minutos esperando que alguno de los buses o microbuses se tomaran la molestia de dejar pasar al señor. No pude dejar de comentárselo y de quejarme de nuestra propia gente. Y yo te apuesto que estos van a misa y rezan al dios. Yo que no creo en él, te estoy acompañando. Los verdaderos ciegos son ellos. Por fin, y luego de insistir muchas veces, pudimos abordar un bus, me agradeció y me dio su tarjeta: era un masajista. Le había contado un poco acerca de mi trabajo social en la provincia chalaca, y le prometí ponerlo en contacto con las señoras beneficiarias del proyecto.
No puede ser que a los invidentes los tratemos tan mal. Es una muestra más de nuestra incapacidad de reconocer al otro como igual, a pesar de sus diferencias. ¿De qué nos sirve jactarnos de moralidad o religiosidad, o tanta bobería si a la hora de la verdad no se presta la ayuda necesaria en el momento debido? Un poquito de reflexión, por favor.
Regresé ofuscado y entristecido por las múltiples muestras de rechazo que sufrió el impedido señor, y también pensé en la excusa que daría por mi nueva tardanza, pero grande fue mi sorpresa cuando mis compañeros de capacitación habían tenido el gesto de esperarme en protocolo, y no entrar sin mí. Me sentí algo gratificado por su espíritu de grupo. Algunos de ellos hasta me felicitaron. Además, y felizmente, cuando llegamos, todavía no llegaban, peruanamente, los encargados.