viernes, mayo 30, 2008

Cuando te pagan por primera vez

Es fin de mes...
pagaron ya...
Te invito un chifita...
y luego alguito más.

Es una sensación extraña cuando te pagan por primera vez. Sientes como si de pronto volvieras a aprender las cosas más elementales mientras vas caminando con tu cheque hasta el banco. Hace frío en las manos, tiemblan los dedos, y las pisadas parecen acolchonadas, aletargadas, inexistentes. Caminas y todo te parece distinto, el camino que tantas veces caminaste antes, cuando sin un solo sol caminabas despreocupadamente. La billetera te pesa, como si fuera un muñón, un miembro recién cercenado, una parte del cuerpo vulnerable. Y la preocupación de que se pierda, de que te roben. Agudizas la mirada y aceleras el paso. Piensas.
Y sin embargo qué lindo, qué bonito es sentirse medianamente independiente, pagarte por fin tu primer chaufa, tu primera gaseosa, tus primeros wantanes. Qué bonito es caminar y pensar qué hacer con la plata que te ha costado obtener, tu chamba. Qué bonito es aprender a administrar, a pensar ochenta cosas a la vez. Qué bonito es querer decirle a todos que te pagaron por primera vez.

jueves, mayo 29, 2008

De por qué jamás en la vida vería películas tipo Indiana Jones

Solo atinaré a reirme de tanta estupidez junta. ¿Pancho Villa enseñando quechua? ¿Las líneas de Nazca en el Cuzco? ¿Mayas hablando quechua en la Amazonía Peruana? Casi no lo hubiese creído de no saber que provenía de los ineptos, estúpidos y animales cineastas hollywoodenses, acostumbrados a rodar películas para públicos todavía más imbéciles que ellos, es decir, los estadounidenses, o como en este caso vale el término, los gringos.
Debo darle gracias a Steven Spielberg, a Harrison Ford, y sobre todo a una amiga que me dio razones excelentes para no ver JAMÁS películas como esas. De hecho nunca las vi hasta ahora porque me parecen una soberana pérdida de tiempo, un culto a la intrascendencia, pero no tenía razones de peso para no hacerlo; en cambio ahora, más que eso, es hasta peligroso: es como un enwebonamiento, como las prácticas fujimontesinistas de amasar al pueblo con los diarios chicas de calatas y sangre, con el chisme y los chistes lisurientos de desdentados impresentables que aparecían en televisión.
Por eso jamás veré ese tipo de películas, y desde este humilde espacio, hago un llamado a la inteligencia y al tino. Lean, lean, por favor. Lean como locos, lean como el Quijote, como Borges, como Luis Alberto Sánchez. Aspiren a más que estúpidas e insignificantes formas de perder el tiempo. Rechacen la basura y aprendan a reconocerla. Basura como Indiana Jones, sin duda una de las cosas más idiotas de las que difícilmente escucharé, y por supuesto, jamás veré.

domingo, mayo 04, 2008

Lindo México

El año pasado, por el cumpleaños de mi hermano, mi mamá quiso viajar a Buenos Aires, y yo no pude ir porque me encontraba en exámenes parciales. En ese entonces, por rabia y por un gusto especial por el tango, me bajé alrededor de 150 canciones de Gardel. Ahora, como solo llevo dos cursos, a pesar de que también tengo muy cerca dichos parciales, viajé con mi familia a México. Fuimos una semana a Cancún, el popular y paradisíaco punto mexicano, y dos días en la Ciudad de México, el famoso DF o Distrito Federal. Aquí un poco del viaje.

Imponente. Chichen Itzá se eleva hacia el cielo con maravillosa precisión.

México es un país muy parecido al Perú en su composición, en su cultura y en su gente. Los mexicanos son cálidos, alegres, llevaderos. Confiables, tienen buen sentido del humor y son atentos, respetuosos y educados.
Es cierto que el DF es la ciudad con más secuestros, asesinatos y robos en toda América, pero también es cierto que hay más de 28 millones de personas que la conforman, y como todos los que dominamos algo de teorías de masas, mientras más gente hay, más belicoso se vuelve el asunto. Aún así, México DF es una ciudad ordenada: los negocios están separados por calles, de manera que aquella es la calle de los artículos de cocina, y la otra es la calle de los artículos de baño. Hasta las putas están ordenadas en una calle de la más barata a la más cara.
Por su parte, Cancún es el paraíso en la tierra. Las arenas blancas son bañadas por aguas cristalinas, esmeraldo-zafirinas. Los hoteles más lujosos del mundo. Ni un ápice de suciedad ni de basura, y mucha modernidad. Y lo más importante, la bandera más grande y orgullosa del mundo, en un soñado mástil que parece un secuoya. Ya quisiera yo que en el Perú exista gente que quiera tanto a su patria.

Cancún: Belleza y modernidad. Se observan los hoteles imitando las antiguas construcciones mayas, circundados por exhuberante tropicalidad.

Las similitudes entre las dos grandes culturas mexicanas, los mayas y los mexicas o aztecas, y los incas son muchas y muy fuertes. Si bien los incas desarrollaron obras maestras de ingeniería hidráulica y el trabajo en metales, los mayas y los aztecas perfeccionaron el trabajo en piedra y desarrollaron la escritura. Y aunque Chichen Itza no puede compararse a Macchu Picchu -puesto que Macchu Picchu no solo es una estructura de concreto, sino la mixtura perfecta entre la hechumbre humana y la naturaleza, verdaderamente una maravilla, por lo que despierta en quien la vea; más de 270° de vista esplendorosa-, es un gigante que llama la atención por la destreza, pulcritud y exactitud matemática de sus inventores. Los mayas fueron realmente una civilización, lo mismo que los aztecas -pese a que se acepta que el gran número de sacrificios humanos de éstos últimos eran, en realidad, motivo de prácticas antropófagas-, crearon su propio deporte, el Pok Ta Pok, un juego de pelota muy parecido al fútbol, con la diferencia de que eran dos equipos de 10, que en lugar de dominar el balón con el pie se hace con los muslos, y que los puntos de gol eran en realidad aros en lo alto de edificaciones especiales para este tipo de juegos.
Alucinante. El fin de fiesta del Xcaret. Alucinante.

Así y todo, México es verdaderamente lindo. Se los recomiendo.

lunes, abril 28, 2008

Arequepay


Quiero compartir con ustedes mi reciente viaje a Arequipa. Fue por semana santa, en verdad. Les escribo desde México, en un viaje que ya comentaré a su debido tiempo; la verdad es que me demoré bastante para escribir este post, por esas cosas que a uno le pasan cuando quieren tener todas las condiciones necesarias para escribir y estas no se dan. Suele pasar, las ganas se te van. Hoy tengo algo de tiempo, y procederé a mostrarles un poco acerca de mi viaje.


Pileta. Tímidas palomas retozando cerca de la pileta central de la Plaza de Armas de Arequipa.

Fue un viaje muy bonito. La ciudad sureña, conocida como la ciudad blanca por el sillar, material noble característico de la zona, blanco, extraído de la materia volcánica fría, es majestuosa, señorial y calma. Se percibe orden, sobriedad y limpieza. Tiene un no sé qué, algo que la hace distinta a las demás grandes ciudades peruanas. La plaza de armas, no obstante es pequeña en comparación con las plazas de Lima y de Trujillo, es muy transitada por comerciantes, lugareños y turistas. Es impresionante la cantidad de personas que deambulan de aquí para allá por la plaza cada uno con sus negocios y contemplaciones personales. Se observan vestimentas de diferentes lugares aledaños y lejanos. Caras, manos y sonrisas distintas entablan relaciones o se entrecruzan por estos lugares. Hace un frío leve, seco, permanente, pero no es hostil. Los edificios se imponen orgullosos, desafiantes.

Basílica. Digno ejemplo de la hechumbre arequipeña.

Cerca de la ciudad blanca, a por lo menos una hora en carretera, se encuentra el pueblo de Chivay, rodeado de espectaculares paisajes, quebradas, acantilados, ríos y serranía esteparia. Pastores en trajes típicos reciben amistosamente a los turistas, ofreciéndoles artesanías, prendas y frutas típicas.

Compañeros. Niña arequipeña y perro pastor.


Chivay. Una palabra: espectacular.

Alegría characata. Niña sonriendo en su puesto de souvenires camino a Chivay.

Y finalmente, el cañón del Colca y los cóndores. Confieso que no ha sido para mí verdaderamente algo espectacular, sin embargo sí es bonito ver a los cóndores volando majestuosamente por el enorme y verde valle. A los gringos les encanta. A mí me gustó mucho el pueblo de Maca, con su pequeña iglesia y algunos pobladores en la placita mostrando llamas, águilas y alpacas bebés al público. Me gustaría compartir con ustedes algunos vídeos que logré subir al Youtube, para que se aproximen a la Arequipa nocturna en semana santa, vean hasta qué punto una pastora y su llamita pueden congeniar, contemplen a los cóndores en acción, y vean el pueblo de Maca.










Vayan a Arequipa. En verdad la van a pasar bien. Es un lugar acogedor, majestuoso y versátil.

martes, abril 22, 2008

Interjección del carajo

Carajo es una interjección, que enfatiza la importancia del tema, la intensidad de una emoción, no necesariamente negativa.

Algunos ejemplos: "¡Ganamos, carajo!"; "¡qué bien, carajo!"; "¡buena, carajo!". Ahora bien, no siempre es necesario acompañarlo de signos de exclamación. Generalmente se acompaña al final, precedido de una coma, carajo -ven, qué fácil-. Así que no teman utilizarlo, carajo.

domingo, marzo 30, 2008

miércoles, enero 09, 2008

Más de 2008 oportunidades perdidas

No entiendo por qué tantos fuegos artificiales, si con dos Mesas Redondas no entienden, todavía. No entiendo por qué celebran un año menos de vida, un año más de estupidez, salvajismo y muerte en oriente medio; corrupción, violencia, irresponsabilidad en cada esquina, cantina, webchat. No entiendo cómo pueden celebrar un año más bebiendo hasta caerse, trompearse, maltratarse de esa manera, animalizarse. Cómo pueden apartarse del caótico mundo de las combis de la muerte y los monos que orinan en la calle o tiran basura al suelo, y de los tanto o más monos que no les dicen nada o dicen "pobrecito". Y qué me dicen de los otros monos que no respetan las leyes de tránsito, o riegan de hijos el mundo, o matan animales y personas. De aquellos misérrimos politiqueros arrivistas, sedientos de poder y de sus franeleros ayayeros. Me parece absolutamente vergonzosos los cobradores de combi, los futbolistas fiesteros, los fujimontesinistas que todavía pretenden tapar el sol con un dedo, los periodistas vendidos y ratingnistas. La SUTEP y los congresistas cocaleros, los fanáticos presos de taras ideológicas e inmadurez política que no tolera el progreso. Aquellos que no son capaces de escuchar al otro y saber aprender de la otredad. Chávez. Tanta, tanta podredumbre. Tanta basura que da cólera saberse de alguna manera emparentado con tanta estupidez, que da vergüenza ajena y genética tener alguna remota ligazón con estos miserables.
Ahora el mundo consume películas hollywoodenses y estúpidas, músicas repetitivas y pipilépticas, ve American Idol y escucha La Pituca en inglés. Fútbol y otras conspicuas nimiedades. Absolutos baladís. Son tan pocos los que leen, los que piensan, los que actúan por el bien sin la hipócrita esperanza de la redención futura. Hace tiempo que dejé de creer en la gran transformación, en el gran cambio; esas son utopías, yo me comporto como creo que ha de ser, y punto, después de todo no creo en dudosas y resultadistas recompensas posteriores ni en cultos culposos y dioses castrenses.
Quizás éste no sea en esencia un país (o un mundo) en el que me sienta a gusto, la verdad es que a medida que uno se culturiza más, termina apartándose irremediablemente, le van apestando las atrocidades cotidianas, las estupideces mundanas, las modas, el mundo lleno de temas baladís, chácharas intrascendentes, el calamitoso desorden de todo. Cuando camino por la calle, yo como peatón respeto las señales de tránsito, cuando el semáforo está en rojo cruzo por la línea cebra, y es más bien en ese momento cuando más peligroso es cruzar, porque los simios que conducen se apresuran para ganarle al amarillo. Por supuesto, nadie respeta. Las madres cruzan en verde con sus bebes, los micros andan reventando de gente que se sigue metiendo aunque tengan que ir con un pie fuera de la puerta y un codo fuera de la ventana. Los cobradores empujan afuera a los pasajeros. Y uno se siente solo, incomprendido, y ve el cuadro irrepresentable de la realidad como si tuviera unos lentes grises, y de fondo la Carmina Burana de Carl Orff.
Para mí ya perdió el sentido libar por el puro gusto de hacerlo. El alcohol ya dejó de tener para mí el libertino placer adolescente y autodestructivo de antaño. Me llama tan poco la atención como el fútbol. Ya perdió el sentido celebrar un nuevo año lleno de pelmazos hechos y derechos, que se embriagan o lo que es peor, estudian derecho. Ya perdió el sentido creer en una oportunidad más para la humanidad. La verdad es que me es abominable, aunque trato de ser tolerante y llevadero.
Aún así, ilusos, que tengan un buen año.

sábado, diciembre 29, 2007

Burócratas


(Escrito el 27 de diciembre a las 8:30am).

El presidente regional de Áncash es uno de los grandes ejemplos de la ineficiencia burocrática peruana. Apenas gasta el 48% de su presupuesto, y de ello el 17% del canon minero. El resto del dinero duerme el sueño de los justos ganando intereses que quién sabe a quién redituará. Pero no solo las cabezas están corrompidas, como tampoco tenemos solo en la región ancashina estos lastres.

Nosotros hemos vivido esta conspicua ineficiencia connacional en carne propia el día 26 del presente en Trujillo. Mi mamá y yo iniciamos una investigación genealógica hace un par de años de palabra y un par de meses de obra por un bisabuelo anarquista y escapista que apenas ha dejado rastro de su existencia. Tuvimos ayer una maratónica jornada de Pilatos a Herodes, o de la ceca a la Meca, como se dice, que ya relataré.

Estuvimos indagando, en primer término, entre las iglesias más antiguas de la ciudad –San Lorenzo y San Francisco- buscando la partida de bautizo de un tío abuelo, uno de los hijos del bisabuelo, a fin de corroborar el segundo apellido de este último, en vista de que, como llegó al Perú perseguido por la revuelta anarquista catalana de 1909, había utilizado, en ciertos documentos, algunos datos falsos; ora bien, en otros, recelosamente, apenas daba su primer apellido. Si bien en San Lorenzo nos atendieron de buena gana y accedieron a nuestra petición de búsqueda, en San Francisco por el mismo favor la encargada frunció el ceño y citó a mi madre para el día siguiente a media hora antes del cierre del local –quién sabe si para cerrar y no atender-. Pero eso no es nada comparado a lo que nos pasó más adelante.

Pasamos también por el centro de Trujillo, también, en parte, porque en La Industria habían avisado que la exposición acerca del Desagravio a Vallejo, por el incendio y posterior juicio que lo llevó a prisión, que ya había terminado antes de nuestra llegada –era hasta mediados de diciembre-, pero que había sido supuestamente ampliada hasta el mes de enero. Entonces fuimos al local donde estaba indicado que era la exposición y nos tocó el típico guachimán Pacheco, puros nones y prepotencia, e indicó que no sabía nada de una exposición de esa índole, que esa ya había acabado hacía tiempo, y que seguro se trataba del día de los inocentes. Casi se me salió preguntarle cuándo él celebraba el día de los ignorantes, por confundir la fecha, pero lo dejé allí.

Saliendo del local, algo contrariada y molesta por el trato del guachimán, mi mamá me contó que su papá había conocido a su abuelo materno –el que estamos buscando- en el Grupo Norte, grupo de intelectuales que incluía a Vallejo, a Haya de la Torre, Alcides Spelucín, Antenor Orrego, Macedonio de la Torre, Carlos Valderrama, entre otros. Es decir, mi abuelo materno, por un lado, y mi bisabuelo materno, por otro, habían pertenecido a ese grupo de intelectuales de renombre, y podíamos descubrir alguna imagen de este último en alguna de las fotos de dicho grupo. Mi mamá, entonces, me convenció de ir a la municipalidad, porque ahí había una fotografía del Grupo Norte, enmarcada, en la que podría, con algo de suerte, verse al bisabuelo entre los intelectuales contertulios.

Entonces fuimos a la municipalidad, o dicho de otro modo, los dominios del Enano. Qué horrible color tiene ahora, afeando toda la Plaza de Armas, un azul pitufesco, emulando quizá la envergadura del burgomaestre, además de los colores de su partido. Tampoco se ha salvado el escudo de Trujillo a sus poco sobrias preferencias. Allí nos enteramos de que la foto del Grupo Norte había sido removida porque en ella aparecía el fundador del APRA. El cuadro está ahora guardado y sin acceso al público. Todavía más ridículo que el color de su ratonera, este Enano. Figúrense que privar a la ciudad de un cuadro histórico en el que aparecen Vallejo, Orrego, Spelucín y varios más personajes ilustres de la solariega ciudad colonial de distintas tendencias, solo por sus propios resentimientos políticos. Debería saber el Enano que ese cuadro es de todos, y que ser el alcalde no le da derecho a estas infantiles acciones. En fin, proseguimos nuestro recorrido hacia el local de La Industria.

Allí solicitamos información acerca de cómo comprar un diario de 1991 y otro de 1916, pero que por el momento no sabíamos las fechas y las tendríamos que buscar. Nos dijeron que teníamos que tener las fechas precisas para ver aquellos documentos. Entonces le dije a mi mamá que vayamos a la Biblioteca. Allí una señorita nos atendió muy bien, aunque el encargado de la hemeroteca no había llegado todavía, y que volviéramos en la tarde para encontrarlo. La señorita nos dijo que ella le informaría y dejaría indicados los paquetes de diarios que íbamos a usar, porque se encontraban en el segundo piso del archivo. Entonces nos fuimos a almorzar y de paso a buscar unos libros que quería comprar, aunque terminé comprando otros, pues no encontré en 5 librerías los dos textos que quería de Herman Hesse –en una tienda ni sabían quién era, muero-. Regresamos a la biblioteca y nos dejaron pasar amablemente, y entonces nos sumergimos en tres paquetes de periódicos de Julio, Agosto y Setiembre de 1991. Habíamos solicitado estos tres meses porque mi madre había estimado la fecha de la publicación del año 91 y una serie de datos combinados la habían hecho restringir la búsqueda a esos meses (la visita de una prima que vivía en Europa, los meses de edad de mi hermanito, etc.).

Me era imposible no detenerme en los titulares de la época, el olor agradable de los periódicos amarillos, Hernán Romero todavía con cabello, Fujimori hablando de los derechos humanos –jajaja-, Gorbachov haciendo las últimas reformas de la Perestroika y Mandela visitando a Fidel Castro. Me fue también imposible no reparar en la forma en que conservan estos archivos. Una pena. El placer de las polillas. Los diarios apilados en paquetes, desamparados ante el lento flagelo del tiempo. Encontramos, sin embargo, rápidamente lo que buscábamos. Mientras madre buscaba los periódicos de agosto y yo los de julio, y los de setiembre habían quedado a medias si es que no encontrábamos la noticia, logré encontrarlo: era el ejemplar del jueves 18 de julio de 1991. La columna “Sucedió hace 75 años”, es decir, del martes 18 de julio de 1916.

“Atropellado por un automóvil.
El sábado último a las 9:35am fue atropellado por el automóvil No. 2 el joven Enrique Hernández, empleado de la Botica Central, quien al ceder la vereda a unas señoritas transeúntes recibió un tremendo golpe en las espaldas que lo derribó ocasionándole una herida en la barba. El joven Hernández fue atendido en La Librería Popular por su dueño señor Vives Terradas.”



En el rostro de mi mamá no cabía la alegría. Por fin confirmaba el dato que estaba buscando. La abuela se lo había dicho, pero en el registro de la librería el bisabuelo había puesto otro segundo apellido. Recogimos los periódicos y los dejamos aplicadamente tal y como los habíamos solicitado y encontrado. Preguntamos por los periódicos de comienzos de siglo y nos dijeron que fuéramos o bien a La Industria, o bien al Archivo Regional. Regresamos volando a La Industria. Las mismas chicas que nos atendieron estaban todavía allí, aunque nos miraron con una cara rara. Mi mamá espetó triunfante la fecha del diario de 1991, y yo agregué la del diario de 1916. La chica escribió algo en su computador, siempre con la cara extraña, y dijo que no era posible, que saldría como s/. 500 soles, que no era posible revisar un diario tan antiguo, cuando nos había dicho lo contrario la primera vez que fuimos.

Salimos y mamá no se dio por vencida, la próxima parada era el Archivo Regional de La Libertad. Quería registrar el original, el periódico de 1916 que ampliaría la noticia, quizá con un segundo nombre o una increíble foto del bisabuelo. Llegamos algo cansados, ya, por todo el trajín. La encargada, impávida, frente a la solicitud de mi madre, siguió haciendo sus cosas otros diez minutos, y cuando mi mamá ya dudaba si preguntarle si nos iba a atender o no, se acercó con una cara de gárgola y me cerró la puerta entreabierta, donde me posaba. De una hilera lateral, apareció un enternado chimpancé haciendo nones sin haber escuchado la petición, como amaestrado para decir no antes de que se le pregunte nada. ¡Sin haber escuchado ya estaba diciendo que no el hijo de puta! Qué bestia, era el récord de la incompetencia y la mala educación.

Nos fuimos indignados, fastidiados, dolidos. Por supuesto, tengo todas las influencias –y las ganas- para cagarlos como bien se merecen, pero me detiene el sentido moral, pues la vara no es precisamente una herramienta válida para ajusticiar a estos mequetrefes, aunque bien se merecen un par de palazos por su estúpida actitud de poder frente a los que solicitan su ayuda. Deberían entender que se encuentran trabajando ahí para el pueblo, o mejor dicho, que reciben sueldo del pueblo, o que su trabajo consiste en atender al pueblo, y no es posible que en eso único que hacen no lo hagan bien. No se trata de que sean apristas, upepistas o antiapristas; aquí los trujillanos –y los peruanos en general- sufrimos los retrasos por la incompetencia de burócratas sin importar su camiseta política-ideológica, los cuales solo se dejan guiar por su ineptitud y sus ganas de no trabajar o de no hacer las cosas. Tenemos que luchar contra este cáncer sudaca si queremos salir adelante como país. Ah, y por supuesto, ya déjense de huevadas y cómprense aunque sea un par de computadoras usadas. Hasta cuándo vamos a vivir en la prehistoria de los catálogos de archivos en la biblioteca, la Región y las iglesias. Hay gente que parece no advertir que el siglo XXI está frente a sus ojos, y que el dinero está llegando hace buen tiempo y no son capaces de mejorar las cosas. Conspicuos burócratas.

Postdata. Del bisabuelo ya les contaré más en otra ocasión, quizá de una manera más extensa y por otro medio. Por mientras seguiremos investigando.

lunes, diciembre 24, 2007

Noche Mala


(Escrito entre las 00:50 y las 1:40am del 24 de diciembre, en un bus de Lima a Trujillo).


Para nadie resultará nuevo, si me conoce, que no son de mi agrado los convencionalismos. Particularmente la navidad me resulta un tiempo a veces molesto, no solo por la obvia incompatibilidad del caucásico y abrigado vejete en un trópico de cholos, de la solemne y grasienta pomposidad del pavo horneado con exquisiteces cuando normalmente no alcanza ni para el pollo con puré de papas, y del acto irracional de tomar chocolate caliente en la semana de mayor temperatura promedio del año; sino también de las no menos falsarias y ahuecadas reuniones “familiares” en las que se intenta demostrar una opulencia que no se tiene, y una unidad hipócrita y dudosa compartiendo con gente que de otra manera no verías el resto del año. Sí, el ejemplo perfecto son las inaguantables e imperecederas viejas que no sabes de qué parte del árbol genealógico de la familia vienen, y que te saludan prensando tus cachetes aunque ya tengas 22 años. ¿Acaso alguien las visita? ¿O se acuerdan de sus cumpleaños? No, desde luego. Estoy viajando a Trujillo a una versión más actual de estas inefables reuniones. Felizmente son una vez al año. Al menos fui sincero y les dije a mis padres que no tenía el mínimo interés en ir, pero por supuesto apareció el rollo populachero y colectivista, absolutamente indefendible y demagógico del no seas malo, hijito.

En fin, aquí me tienen, pues, viajando a Trujillo una vez más. Pero, como ningún mal viene solo, a pesar de que al menos no vine en esos transportes del infierno de Ormeño o Cial –sino en Ittsa, altamente recomendable, dicho sea de paso-, como siempre, me tocaron los peores huéspedes que a un viajante de mis características le puede tocar. Sí, una niña de unos cuatro años, sentada adelante, me hacía la vida imposible con su inacabable curiosidad de egocéntricos decibeles. Por si fuera poco, pusieron una de esas cochinas películas hollywoodenses dobladas –cuándo no en los buses-, y a todo volumen, desde luego, como para constatar que estamos en el tercer mundo. Como supondrán, me había puesto a leer, pero el mundo no quería que lo hiciera y tuve que tragarme el estúpido argumento de la película o ganarme ochenta canas, algunos vestigios de arrugas y centímetros cuadrados más de calvicie prematura en el heroico intento de seguir leyendo. Era una de esas horribles películas de Amanda Bynes; en esta ocasión se disfraza de su hermano para demostrar que puede jugar fútbol como los hombres. Qué tributo a la intrascendencia, no me jodan. Debería escribir un tratado de neofeminismo, mejor. En fin.

Una vez que acabó ese suplicio, pensé que podía leer. Pero no era todo, a mi derecha un cerdo infeliz roncaba como si tuviera un rayador en la garganta. Por suerte se ha callado hace unos segundos y no me desconcentra para desahogarme de su porcino dormitar y de las demás vicisitudes de mi tragicómica vida. Pero desde luego no me ha dejado leer a placer, el maldito. A esta gente deberían prohibirla o condicionarla a ciertos parámetros. Ah sí, métanse sus derechos por el culo. Por qué esas compañías que no tienen nada mejor que hacer que inventar maneras estúpidas de vender estúpidos inventos dizque utilísimos a precios regalo, no inventan algo que de verdad vale la pena como un callador de ronquidos o un artefacto similar que de verdad sí que es desesperadamente necesario para no tener que reprimir las ganas de silenciar a puñetazos a estos miserables que no te dejan leer, ni dormir, ni vivir en paz. Tuve que irme, finalmente, a un asiento desocupado de atrás a poder conciliar algo de sueño.

Por qué, además, no amonestan a la gente que lleva niños a los lugares públicos como el teatro, carajo. Hace poco, asistí a cuatro de las seis funciones del grupo de teatro del colegio de mi hermano, y siempre tuve la perra suerte de que por lo menos una vieja estúpida llevara a un chibolo en esas edades tan insoportables en las que solo preguntan y preguntan y preguntan y no ven ni mierda y no tienen que hacer nada en esos lugares. Y cuando uno voltea con cara de puta madre, me están cagando la vida, la vieja siempre te mira como si estuviera orgullosa de la impertinencia del niño y de la aún mayor impertinencia de haberlo llevado a ese sitio. Sí, sí, no me gustan los niños pequeños. Ojalá no tenga hijos. Seguramente les pondría un bozal porque no sería capaz de aguantar tantas preguntas estúpidas ni invasiones tan espantosas del espacio. Pero es que no tienen que hacer nada ahí, pues, carajo. Que los lleven cuando les sirva y cuando no jodan al resto. En el Perú es deporte nacional joder al otro.

¿Hasta cuándo mantendremos ese comportamiento tan sudaca de no respetar o tomar en cuenta la proxémica, el respeto por el espacio? ¿Por qué tienen que poner al tope el volumen de las estúpidas películas dobladas que siempre pasan en los buses? ¿Tan difícil es mejorar el servicio y brindar la comodidad de escuchar y ver la película O NO y no obligar a la gente a tragarse 90 minutos de cursilería barata? ¿Y qué pasa si yo no quiero ver esa mierda de película y quiero emplear mejor el tiempo y leer? Por qué me hacen la vida tan difícil. ¿Por qué los microbuseros tienen que gritarle al mundo que escuchan la mierda de música que escuchan reventándole los tímpanos a todos los demás? ¿Es que quieren vengarse con nosotros los universitarios, aparte de subirnos el precio cuanto mierda les da la gana, por la vida miserable que les tocó vivir? Por qué tienen que restregarle en los oídos a todos sus ganas de escuchar SU música. ¿Para qué mierda se inventaron los walkman? Y que no vengan a joder que son caros, porque por lo menos tienen un pariente que o bien los trafica o bien los roba y luego los vende por ahí.

Por qué no me dejan en paz ni siquiera en la víspera a la que ustedes llaman Noche Buena. A veces desearía ser tan estúpido y creer en que Papá Noel es una muestra más de unión y amor y no un boom mediático de Coca-Cola y el capitalismo. A veces me gustaría ser tan ingenuo y creer que la navidad en efecto es una fecha de reflexión y no una invitación al consumo y la mercadotecnia. A veces desearía ser tan rudimentario y común como para disfrutar viendo esas películas tan estúpidas en lugar de preferir leer y cagarme el hígado en el intento. A veces preferiría no asquearme y no sembrarme el cáncer moliéndome las facciones y encaneciendo mis cabellos de la cólera, de la impotencia y la vergüenza de soportar su barbarie, su inherente bestialidad, ustedes hombres comunes. Cuando un niño de cuatro años haga estas preguntas lo secuestraré y lo adoptaré como hijo. Y ya mejor me despido, porque el cerdo del rayador en la garganta ya empezó de nuevo a fustigarme la paciencia. Y temo perderla y patearle el asiento o tirarle la Incakola que sobró de la merienda que repartió la azafata. Feliz navidad.

domingo, diciembre 16, 2007

Verdad

Habría que estar loco para ser normal.

También funciona con 'común'.

Libertad

La única libertad posible es la de poder mandar a la mierda a todo el mundo sin reparo. Vacaciones. Punto.

sábado, diciembre 15, 2007

De monos con uniforme y lobos esteparios

La constatación más tangible de que estamos en el tercer mundo son unos monos con uniforme, popularmente conocidos como cobradores. Cada día están peor. Le faltan el respeto a las señoras, ponen horribles concatenaciones de sonidos a todo volúmen -según ellos es música-, su timbre, tono y locución de voz carecen totalmente de educación, son inherentemente violentos, muchas veces también sucios, y un largo etcétera. Ya no sé si es que leo en los micros por el puro placer de hacerlo, o más bien para no tener que avergonzarme de entrever que esos individuos son de mi misma especie. Por suerte hoy terminé La Hora Azul en la peluquería, ora esperando a que una horrible vieja optimista se esmerara en desafearse, ora evitando que mis ensortijados cabellos húmedos cayeran bailando sobre el referido texto mientras lo leía desentendido del mundo. Y aunque comencé unas horas después, en otro trayecto, otra obra también en el micro, El lobo estepario, me sentí particularmente identificado con el personaje quejumbroso de los excesos de sus isogenotípicos congéneres.

"¡Ah, es difícil encontrar esa huella de dios [la minúscula es mía] en medio de esta vida que llevamos, en medio de este siglo tan contentadizo, tan burgués, tan falto de espiritualidad, a la vista de estas arquitecturas, de estos negocios, de esta política, de estos hombres! ¿Cómo no había yo de ser un lobo estepario y un pobre anacoreta en medio de un mundo, ninguno de cuyos fines comparto, ninguno de cuyos placeres me llama la atención?... ".

"... Y en efecto, si el mundo tiene razón... si esta música de los cafés, estas diversiones en masa, estos hombres americanos contentos con tan poco tienen razón, entonces soy efectivamente el lobo estepario que tantas veces me he llamado, la bestia descarriada en un mundo que le es extraño e incomprensible, que ya no encuentra ni su hogar, ni su ambiente, ni su alimento. ..."

De Adrián Ormache también pude destacar una frase que la utilicé ayer debatiendo con una amiga acerca del financiamiento extranjero y sus posibles motivos ideológico-políticos: los pobres no son buenos por ser pobres. Esa frase tiene mucho de cierta; no se puede hacer, bajo ningún concepto, apriorismos, menos aún cuando tienes que convivir con estos monos con uniforme. Menos mal que está la lectura para intentar disiparse. Aunque sigue la infinita paciencia de soportar las bajezas de todo tipo de entes, conductores, cobradores, peatones, políticos, religiosos, educadores, abogados, etc. Uno no puede sentirse bien cuando, respetuoso de las señales de tránsito, solo cruza, como peatón, -por la línea cebra, por supuesto- cuando el semáforo da rojo; y es a uno al que lo miran como si fuera el que está mal. Lo mismo que cuando pido que bajen los ingentes decibeles en los que los transportistas insisten en mantener sus horribles músicas, lo mismo que al gritarles: "¿Por qué tienen que ensuciar?", con todo derecho, a unos estúpidos contadores que llenan las calles de papeles arrugados por manifestar en su colegio profesional. La humanidad es tan frustrante a veces que uno se siente un lobo estepario inmiscuido en una grisácea y ajena ciudad llena de monos con uniforme.

miércoles, diciembre 05, 2007

Vagabundo

Ayer mi hermano me contó que iba a representar a un vagabundo en una obra teatral. Necesito un vestuario apropiado, ¿me prestas tu pantalón y tu casaca? dijo con esa solemnidad que vuelve imposible distinguir si era una broma o si era en serio. Luego se la probó en el espejo y dijo: Está perfecto.
Hoy apareció un vagabundo en Los Simpsons. Sí, tenía la misma casaca que la mía. En qué momento el mundo se empezó a burlar de mi ropa.

martes, diciembre 04, 2007

Por qué no te callas, segunda parte.

Un brindis por los estudiantes venezolanos, que a punta de coraje, heridos y hasta un muerto, consiguieron lo que parecía imposible: derribar a una versión politizada y fascista de King Kong. Hoy solo quiero celebrar la derrota de Huguito. No me importa, por ahora, meditar en las oscuras estratagemas que estará rumiando para el futuro cercano. Tampoco me importa demasiado analizar las elecciones y la idea de que la derrota de Chávez fue calamitosa y se intentó camuflar. Suficiente y satisfactorio es que perdió. Que en Venezuela ganó por fin la inteligencia a la prepotencia. Que sudamérica rechaza el totalitarismo. Por eso brindo con ustedes, conchalevale, pue.

viernes, noviembre 30, 2007

Silbando hasta casa

La felicidad se puede silbar.
Ayer recibí mi primera paga, aunque solo eran los ripios que representan la movilidad por lo del voluntariado en CEDRO. Hoy comí tres helados gratis, al quedarme a la exposición final de mis amigos de Gestión de Recursos Humanos -su trabajo final fue sobre Nestlé, y llevaron un carrito de helados a la clase-. También se me malograron, por fin, esos lentes horribles con los que este año he reivindicado mi condición de nerd. Remeditando sobre todo esto, me regresé silbando hasta casa, por supuesto -no sé por qué siempre que silbo se generan réplicas inmediatamente, y todo el mundo ameniza su recorrido por la acera con simpáticos acompasares; y lo mejor es que siempre que esto sucede se me duplican las ganas de silbar-. Desde luego que mañana comeré mi plato preferido, pollo con piña, el tres en raya perfecto.
¿Se puede pedir más? Yo no. Así se está muy bien.

jueves, noviembre 29, 2007

Disculpa

A veces me odio tanto.
Terminé La Inmortalidad en un micro.
Lo siento, Milan.

Lavado de cerebro

Regresando de El Carmen, el otro día, con la gente del curso de Psicología Social Comunitaria, proyectaron una película en el bus de cercanías que nos llevó de Chincha a Lima. Proyectaron una película bonita, cándida, típica película de comedia hollywoodense, solo que tenía un clarísimo mensaje subliminal. No sé si todas las películas hollywoodenses tengan mensajes subliminales, la verdad es que lo dudo, pues, supuestamente están prohibidos, aunque por supuesto me refiero a la conceptualización laxa y coloquial del término, lo que comúnmente se conoce como un lavado de cerebro. Lo cierto es que las películas son estimulantes muy potentes, pues en nuestros tiempos de imágenes y de sentimientos, la verdad es que lo visual impacta mucho más fácilmente que lo textual, y en ese sentido las películas tienen los medios necesarios para influenciar al público muy fácilmente.
La película es Just Like Heaven (2005), y de hecho me pareció divertida y bien hecha -siempre y cuando resaltemos que se trata de una película hollywoodense, la típica comedia romántica-. Las estupideces de Mark Ruffalo en el filme divierten a cualquiera, dirán ustedes, y yo lo confirmaré. El hecho es que el tema de la película, por lo demás fantasioso e improbable, muestra a una chica que, en vida convencida de las bondades de la eutanasia, sufre un accidente automovilístico que la deja en coma. La misma regresa como una suerte de poltergeist mientras sigue en coma en el hospital, y vuelve a su antiguo departamento ahora ocupado por un muchacho -Ruffalo-, de quien se enamora. A lo largo de la misma, la protagonista -Reese Witherspoon- se cuestiona in situ sus creencias respecto de la eutanasia para terminar optando por la negativa a la misma.
Es un lavado de cerebro completo, caray. Me quedé helado, por un lado, y contento por el lado cándido como simple espectador. Sin embargo, no todas las personas que estaban en ese bus tenían la suficiente formación académica que les proveyera de recursos cognitivos para afrontar el mensaje oculto que de hecho un par de conservadores norteamericanos idearon para esta producción cinematográfica. Y bueno, pues, qué les digo. Coca-Cola nos bombardea con el rollo multiculturalista y la verdad es que el referente máximo del neoliberalismo capitalista sin fronteras, y por tanto uniculturalista, por decirlo de una manera. Los medios hacen lo que les da la gana con el público, el mismo que no tiene ni idea de qué es lo que consume verdaderamente. Porque esta película no son 95 minutos agradables de una sosa y cursilona comedia romántica hollywoodense cuando desentramas los mensajes ocultos que contiene.
Ah, y antes de que me olvide, por supuesto que estoy a favor de la eutanasia, y diametralmente en contra de la estúpida actitud culposa y masoquista judeo-cristiana que apuesta por el paroxismo. -Y no es que me haya convencido Almodóvar y su Mar Adentro, ni siquiera he visto esa película, aunque supongo que sería buena.-
En conclusión: Hay que tratar de mantener una actitud crítica, pues hasta en la más inofensiva y aparentemente estúpida película hollywoodense -que de hecho fue coronada como la peor película extranjera del año 2005 por la Gérard du Cinema de Francia(1)-, pueden esconderse mensajes subliminales, soterrados, ocultos, con la perversa intención de insertar pensamientos ajenos en nosotros, y enajenarnos como a ellos les plazca. Hay que estar atentos, no nos vayan a lavar el cerebro.
Nota.

lunes, noviembre 12, 2007

Cállate, Chávez.

De rey a paje.
El mundo lo dice.
Silencio, pue.
Se desató la fiebre en la web. La fiebre Por-qué-no-te-callaaas.

martes, octubre 23, 2007

Un fenómeno llamado Potts

Fantástico. Un cuento hecho realidad.


Se trata del cuento de hadas perfecto, de una Cenicienta de carne y hueso y en versión masculina. De un humilde, tímido y regordete vendedor de celulares con muy poca autoconfianza, que en un abrir y cerrar de ojos sorprende al mundo, decidiendo por fin afrontar sus demonios y alcanzar sus sueños. Se trata de una historia tan increíble que ni la propia ficción podría imaginarla mejor. Y es que la realidad nos depara sorpresas cuasi inverosímiles, cuando el devenir se lo propone, cuando la oportunidad así lo determina.

Paul Potts fue el típico niño gordito que en el colegio era lorneado por sus compañeros. Hijo de un chófer de ómnibus y de una cajera de supermercado, el pequeño Paul arrostró la pobreza y el desprecio de sus coetáneos, desarrollando una personalidad introvertida y una baja autoestima. No le quedó más remedio que el ensimismamiento, y su refugio fue precisamente la música, su voz, que en más de una entrevista ha revelado consideraba "su mejor amiga". Se inscribió en el coro de su colegio, y luego de la parroquia de su ciudad, y aunque recibía el elogio de sus profesores, su baja confianza en sí mismo no lo dejó tentar una carrera artística.

Siempre despistado, Paul ha tenido varios accidentes como ciclista y peatón. Uno de esos accidentes, a los 14 años, le cercenó parte de un diente, dejándole una poco atractiva sonrisa. A los 18, un carro lo atropelló rompiéndole una vértebra y ocasionándole severas contusiones. A los 31, se le diagnosticó primero una apendicitis y luego un tumor benigno en la glándula suprarrenal, y algunos días después de recuperarse, fue embestido en bicicleta por un automóvil, que le fracturó la clavícula y dejó en mal estado su columna vertebral.

Estudió filosofía, teología, cine y estudios de televisión en la universidad de Plymouth. Sin embargo trabajó los siguientes diez años junto a su madre en una modesta fábrica de Bristol, su ciudad natal. También estuvo metido en política militando en el Partido Liberal Demócrata de su ciudad. En 1999, no resistió la tentación de cantar frente al público, y se disfrazó de Pavarotti y ejecutó su primera Ópera en un karaoke. Posteriormente, le fue perdiendo el miedo a las apariciones en público, aunque siempre como amateur, y participó en Bath Opera y otros colectivos artísticos. Luego de ganar uno de los premios de un programa musical de concurso, se financió unos meses, y un par de años después, unas tres semanas más, de lecciones de Ópera en Italia, siendo seleccionado para cantar frente al mismísimo Luciano, quien le felicitó por su voz.

Conoció a su esposa en un chatroom, en el 2001, y mantiene una buena relación con ella desde entonces. De hecho, su compañía le ayudó a lidiar con su baja autoestima. En el 2004, ingresó a la compañía Carphone Warehouse, y desde entonces hasta su descubrimiento, trabajó vendiendo celulares. Este mismo año, recibió un anuncio electrónico invitándolo a participar en el Britain's Got Talent Audition, y él mismo cuenta que optó por lanzar una moneda. El destino y la moneda quisieron que Paul Potts decida participar, y el resto ya es historia conocida.

Paul Potts, un rechoncho y desconocido vendedor de celulares, con un diente delantero roto y un terno de 35 euros estaba de pie, frente a un auditorio lleno de público, y tres jueces que lo miraban con actitud inquisitorial. Cuando dijo que cantaría Ópera, uno de ellos hasta simuló una burla, mirólo de soslayo y volteó la mirada hacia sus compañeros, buscando conformidad en sus pareceres. A Potts no le importó. Esperó la señal de Simon Cowell y sonsacó del baúl su mejor voz, haciendo llorar a las mujeres y gritar a los jóvenes. Ahora era él el que mandaba. Nadie lo podía creer. Había nacido alguien. Potts había dejado de ser un don nadie.
Por supuesto, nadie lo paró después de esa genial audición. Ya había subido la vuelta completa de la montaña rusa, como comentara a uno de los animadores del programa que lo hizo famoso. El vídeo de su audición ha sido visto 15 millones de veces, y con un par de meses cargado, es ya uno de los más vistos de la historia. Más de dos millones de páginas en el Google aparecen cuando uno digita su nombre, y miles de bloggeros ya han hablado de él, y seguramente yo no seré el último.

Epílogo.
El buen Paul no solo firmó un contrato con Simon Cowell y ganó 100,000 grandes apenas ganar el BGT y fue elegido para cantar para la Reina, sino que sacó a la venta su primer CD, el mismo que ya ha sido condecorado en tiempo récord con el disco de platino, superando en ventas a todos los otros 9 discos más vendidos en Inglaterra, desde su lanzamiento el 16 de julio; y ya se ha presentado en EEUU y Dinamarca, y tiene conciertos casi todos los días, según su página personal, hasta marzo de 2008. Su disco es también uno de los más vendidos en Amazon.com, y tiene por lo menos dos páginas oficiales en la que recibe cientos de correos diarios. No hace falta decir que se está haciendo una película acerca de su increíble historia; es evidente que era necesario un héroe postmoderno. Y Paul Potts lo está siendo. Parece tener el mismo ángel que Pavarotti, su mismo carisma, pues su voz, además de ser talentosa y sincera, moviliza con una sorprendente facilidad, algo que no tiene el mucho más virtuoso Juan Diego Flórez. Pero el peruano ya está advertido, no solo se trata de hacerlo bien, de hacerlo excelente. Se trata de ese plus que determinó un antes y un después de Pavarotti, de la popularización del arte por el arte, de la deselitización del mismo. Y Paul Potts se está convirtiendo en el nuevo embajador de esta tendencia fundada por el ya fallecido Pavarotti. Al menos, así lo dice el mundo, los desentendidos, que válgame, tienen tanto derecho a disfrutar del arte como los tradicionales elitistas. Paul Potts mismo dijo, en la entrevista previa a la final de BGT, que acababa de descubrir que él era Paul Potts, y el mundo también.

Fuentes:
1. El Comercio online 24/07:
http://www.elcomercio.com.pe/EdicionOnline/HTML/olEcUltimas/2007-07-24/olEcUltimas0416011.html
2. Wikipedia en español:
http://es.wikipedia.org/wiki/Paul_Potts



Bloggers:
3.
www.marthacolmenares.com/2007/06/28/paul-potts-¡que-grande-eres/
4.http://juanpablodecalcuta.wordpress.com/2007/07/03/el-increible-paul-potts/
5.
http://blogcritics.org/archives/2007/06/20/084600.php
6.h
ttp://dejameser.wordpress.com/2007/06/16/paul-potts-o-cmo-un-concursante-de-tv-nos-ha-devuelto-la-esperanza-a-muchos/



Vídeos en Youtube:
Audición:
http://www.youtube.com/watch?v=9oxTy7KIAaA
Final:
http://www.youtube.com/watch?v=K_5W4t_CBzg
Premiación BGT:
http://www.youtube.com/watch?v=DYIgzFNN8GQ



Páginas oficiales:
http://www.paulpottsoficial.com/
http://www.paulpottsuk.com/

lunes, octubre 08, 2007

Sobre la felicidad

Hace un par de días tuve sendas conversaciones en el messenger que me llevaron a seleccionar mis intervenciones en torno a un tema específico. Verteré ahora el contenido de ambas, intentando guardar cierta lógica argumental.
Que sea agnóstico no me convierte en una persona absolutamente gris... el existencialismo no necesariamente tiene que ser fatalista, hay otros tipos de trascendencia, la misma que manifiesto a través de un sincero interés por estudiar el ser humano, desde diferentes ópticas, desde diferentes perspectivas, manteniendo, a través de estas un ojo crítico y otro ávido de comprensión, de curiosidad. Considero que la apertura es fundamental, el gusto por el eclecticismo, la diversidad, la no fijación en axiomas, dogmas o creencias, sino la simple complicidad del curioso que investiga, entiende, transita entre los hombres, entre los grupos, entre las sociedades, sin dejarse llevar por nada que no sea la misma apertura al conocimiento.
Esta apertura, considero, es la que me permite, entre otras cosas, toparme con espasmos de felicidad inexplicables y efímeros. Apertura que se entiende en términos de alerta, de atención, pero también de una actitud hacia la vida misma, las personas, los eventos, los momentos.

Para mí la felicidad no se explica, se vive, no tiene razón de ser, simplemente viene y la coges, el momento que te dure, y eso no significa que el resto del tiempo vives triste, pues no hay contraparte, no hay antagonismo, no hay dualidad. Para mí, la felicidad no es un estado, está en el aire, hay que saber respirarla. Está ahí, en un día soleado, en el arcoiris, en el canturrear de unas palomas, en la añoranza que producen las notas de una guitarra, los versos de un poema. Cuando menos te lo esperas, aparece espontáneamente, sin aviso, sin razón. Y es que en su transitoriedad, en su inaprensibilidad, en eso consiste su misticismo.
Uno solo puede ser consciente de ella cuando esos instantes en el que el corazón está inexplicablemente arrebozado, llegan a su fin, porque una vez que te das cuenta se te va, te das cuenta cuando ya te pasó, o cuando estás al límite, en el momento en que está pasando... ese día en el que te levantaste distinto, en el que no seguiste la rutina, en el que viviste tu día como si fuera el primero, como si aprendieras a bañarte, a lavarte los dientes por primera vez... o cuando de pronto sientes energía extra, cuando tienes ganas de saltar por una canción, un poema, un capítulo interesante, una obra entera, una mirada, un buen ejemplo, lo que sea que te haga saltar, sonreír, lagrimear... te dan ganas de correr, de aprovechar el día, sientes que estás volando sobre el mar, planeando sobre las nubes, las manos rozando pastizales, los pulmones respirando aire prístino... en ese momento en el que cobras consciencia de ello, es porque llega a su fin, pero no por ello vuelves a la tristeza, al vacío, a la consciencia de la falta-de. No.

Yo creo que las creencias, en líneas generales, lejos de procurarte felicidad, lo que hacen es satisfacer la necesidad de control percibido -tan inherente al ser humano- producto del miedo al vacío, a la incertidumbre, o a la muerte, concretamente. Las creencias, como tales, son simples asociaciones de ideas que no tienen por qué mantenerse en el tiempo, pues nada sino ellas mismas lo justifican. La transitoriedad, por otro lado ineludible, el inconstratable paso del tiempo, finalmente vencen a estas ataduras mentales. Entonces, o bien estas burbujas de mundos fatuos revientan y uno se enfrenta de lleno con el vacío, o bien uno cree que es capaz de alcanzar la felicidad en tanto un estado, como si fuera posible asirla, lo cual le restaría intensidad a la naturaleza de la misma, a todas luces efímera, impredecible, inaprehensible. Entonces, lejos de procurarte una verdadera felicidad, las creencias te proporcionan un manojo de escudos y burbujas, mundos de supuesta pero finalmente fatua felicidad, en los cuales refugiarte, volviendo muy difícil, sino imposible, estar alerta de estos espacios, de estos momentos, instantes de verdadera felicidad que aparecen de repente y sin razón. El truco es, a mi modesto parecer, tratar de procurársela -la felicidad- en los detalles, en procurar que la vida misma sea un concierto de buenas vibraciones, y eso, considero, solo es posible a través de la apertura como un estilo de vida. Se trata de una buena praxis, que seguramente será más manejablemente emulada en la constancia, pero que nunca se va a alcanzar porque sí, pues no es algo gratuito, sino un ejercicio permanente.

Y sin embargo respeto las creencias. Y sin embargo me aproximo hacia a ellas, o a los grupos que las comparten, o concretamente a los individuos que las incorporan, defienden o legitiman, con una actitud abierta, cálida, sincera, tolerante. Pues mucho he de aprender de ellos.