martes, enero 10, 2006

Miscelánea Fotográfica: Huanchaco, 31/12/05, 1-2/01/06

Portada. Esta es ahora la foto que ocupa mi display en el Messenger. Todavía hay amigos que no creen que yo tomé la foto. "¡En verdad fui yo, malditos!", jajaja. No es el artista, es el lugar, realmente.

He aquí la última zaga de esta miscelánea fotográfica de mi último y corto periplo por Trujillo y Huanchaco. Ahora publico las fotos del balneario que con los años ya recibe más gente de la que puede soportar, convirtiendo sus fiestas en algo ya no tan agradable como en otros años, en los que la densidad era menor. Cabe resaltar que, pese a todo esto, la limpieza es cada vez mayor - dato sorprendente, teniendo en cuenta que la población ha aumentado-. Esto de la densidad, de que se llena mucho Huanchaco en las fiestas, es una sensación que les atañe, en realidad, más a los antiguos veraneantes que a los nuevos, quienes quedan encantados con la alegría y desenvoltura de la camaradería y efusividad huanchaquera.

Muelle. Antiguo puerto por el que alguna vez pasara el Caballero de los Mares, el Muelle de Huanchaco sigue atrayendo por su extraña presencia anacrónica, a miles de turistas en las mañanas, y parejas de enamorados en las noches. Los caballitos de totora parten al alba por el flanco derecho. El muelle sigue en pie, aunque ha sido remodelado y reconstruido varias veces, cual viejo herido, se mantiene firme todavía hoy, cerca de 200 años después de su instalación. No cabe duda de que es un airoso sobreviviente.


Open. El viejo muelle está abierto a todo el público, por tan solo chistosos S/. 0.50 céntimos. Ayúdanos a mantener al viejo.


Artesanos. Recuerdos, souvenires y otras pequeñas sorpresas se encuentran en la autodenominada "plaza de los artesanos". Algunos auguramos todavía que cambien de sitio, para aprovechar la hermosa vista del muelle, en contraste con el horizonte despejado de la tarde.


Sin embargo, a pesar de esto, igual, Huanchaco conserva la misma mística de antaño. Los que estamos acostumbrados a veranear allá damos todavía fe de ello, y a veces ya ni sabemos por qué, solo nos sigue atrayendo la tranquilidad del crepúsculo, el suave romper de las olas y el olor a mar, el caminar con los pies descalzos por la arena húmeda, el sentir el airecito de las 6 de la tarde recorrer nuestras pantorrillas descubiertas. Las raspadillas de la señora Balladares, las hamburguesas de la esquina de los pinos, los helados Superricos, el sebiche de El Caribe, las papas y cachangas de las Bibanderas -que lastimosamente, se van a mudar a la entrada de Huanchaco, mal lugar, como ya es costumbre con el poco acertado alcalde-, los atardeceres coloridos y vivos de enero, los carnavales y las olimplayas de febrero, el intenso sol de marzo.

Oleaje. Huanchaco se caracteriza, también, por su convocatoria surfística. La marea y la corriente suelen jalar a los bañantes hacia el norte, arqueando las olas ligeramente hacia adentro, a medida que se llega a La Curva. Las competencias se dan en la popular playa El Elio.

La Curva. Los caballitos al centro, dando el sello huanchaquero, mientras a la izquierda los bañistas se refrescan en la playa. La Curva es una de las playas más concurridas de los amantes de Huanchaco. Los recién llegados se acostumbran pronto a este dogma de fe.

Mirador. A lo lejos se observa el final del muelle, un bonito mirador para los románticos, un acogedor momento de descanso para los turistas, y un conveniente espacio de trabajo para los pescadores.

Qué va, el verano de Huanchaco todavía se disfruta. Y sino, que lo digan los varios cientos de gringos que, mal que bien, cada vez nos invaden en mayor cantidad. Haremos como los viejos caballitos de totora, sentarnos, simplemente, a observar el ocaso espectacular del atardecer playero liberteño.
Caballo Viejo. Los huanchas, pobladores de Huanchaco Viejo, tienen la costumbre de dejar reposando para la eternidad a sus antiguos caballitos, costumbre que se mantiene desde tiempos prehispánicos. Una de las varias que tienen, claro. Profundizaremos en ello en otra oportunidad.

Los Patos y las Patas. Veraneantes connacionales, extranjeros y pescadores no son ajenos al mágico instante del sunset. Todos son iguales bajo el sol.

Hasta Pronto. La penúltima foto que tomé en este viaje, pocas horas antes de partir de regreso a la tibia y grisácea Lima.

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