jueves, abril 15, 2021

Lecciones de simplicidad del Tío Iván para un mundo afiebrado



Para escribir estas líneas, pongo algo de Duke Ellington, uno de sus compositores favoritos. Los compases de guitarra y batería son superados por una espectacular trompeta que quiebra con gracia.

La pandemia nos arrebató a mi tío Iván Taboada Vives hace pocos días. Un hombre bondadoso, afable, algo ensimismado, pero siempre sonriente. Estaba cerca de los 80 años, había sido abogado de oficio en la ciudad de Trujillo. Quinto de siete hermanos, era amable y respetuoso, de buen carácter y algo tímido. Soltero, vivió muchos años junto a su hermana María del Pilar. Modesto, casi austero en el vestir, era capaz de vivir con poco, pero podía darse licencia eventual a ciertos antojos, como las comidas y los juegos de azar.

Sus visitas a Lima eran esperadas en casa porque siempre venía a manos llenas: fiambres, embutidos, dulces, gaseosas. Su detalle característico era el pan baguette: si había pan baguette en la casa era muy probable que el tío Iván había venido de visita desde Trujillo. Y eso significaba desprendimiento, abundancia, buen gusto y buena conversación.

Venía ocasionalmente, en vacaciones o para fiestas de guardar, y de paso para darse alguno que otro gusto pues le gustaba mucho comer y comprarse libros o discos. Nunca cuidó mucho su salud. Era muy culto y recomendaba siempre algún buen libro recién salido o más bien libros de viejo de su gran pasión: las guerras mundiales. 

Gustaba del jazz, leer el periódico con inusitada fruición (podía pasarse horas hasta acabar de corrido los periódicos del fin de semana) y de tertulias interminables sobre actualidad política, historia o jazz. Su compañía era aquietada y relajada, valoraba los silencios, aunque a veces los rompía con preguntas sobre sus temas de interés. 

Recuerdo con nostalgia cuando viajaba a Trujillo y los fines de semana pasaba las tardes con él, conversando, resolviendo geniogramas o simplemente sentados en la terraza de la casa de la Tía Esperanza, disfrutando de la brisa huanchaquera.  Una pena no poder despedirlo físicamente en esta coyuntura enrarecida. 

El dueto de saxofón y xilófono de Sunswep Sunday entra en reposo y luego silencio. Qué bien suena Duke, tío. Te llevaré conmigo en el disfrute de los pequeños momentos y placeres de la vida. Era tan simple tu filosofía. Con poco eras feliz. Lección de simplicidad  y serenidad para un mundo afiebrado, catártico, insomne.

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